A veces creo que nuestros políticos, en general, nos desprecian absolutamente.
Piensan que los ciudadanos somos tontos, y que unos días de demagógica campaña electoral puede hacernos cambiar el voto.
En realidad, una campaña electoral sólo sirve para el lucimiento personal de unos políticos muy mediocres que parecen empeñados en exhibir su mediocridad intelectual, política y oratoria (su ética que la juzguen otros).
Un autobombo que cuesta demasiado dinero y cuyos resultados son de nula efectividad cuando no incluso contraproducentes, pues provocan la estampida del personal, dejándonos solos a los incondicionales.
Cayo Lara, coordinador general de Izquierda Unida, culpa del fracaso ya crónico de su formación al bipartidismo instalado desde hace decenios en España, y a la campaña electoral que los dos grandes partidos nacionales han bipolizado. Los líderes de IU no tienen ninguna responsabilidad en todo ello, están al margen de la evolución de los acontecimientos a lo largo de los años.
Una vez más, la culpa es de los otros. Ellos no tienen nada que ver con el hecho de tener una base muy fiel y muy sólida, pero muy estrecha, o que la izquierda desencantada con Zapatero prefiera quedarse en casa antes que votar IU. ¿Se han parado a pensar en serio por qué?
La fuga de su principal activo, Rosa Aguilar, a la Junta de Andalucía sólo es achacable a la ambición de la exalcaldesa de Córdoba, no a las nulas ambiciones de los dirigentes de la coalición.
Un dirigente político sin ambiciones políticas es como un sacerdote sin fe: sólo puede hacer daño a aquello que dice defender.
Siga pues cada uno mirándose su propio ombligo y echando la culpa de las pelusillas al resto del mundo, dejemos que nuestra autocomplacencia nos momifique, invitemos con nuestra actitud a que nuestros votantes prefieran quedarse en casa viendo la tele antes que acudir a un mitin, o se vayan al parque a pasear en lugar de ir al colegio electoral a votar. Y luego echémosle la culpa al sistema, a Europa o al cardenal Rouco Varela si queremos.
Pero cuando la derecha, una vez superada la crisis, vuelva a las andadas con más virulencia, fuerza y poderío que nunca, entonces ya será demasiado tarde para recomponer todo lo que se ha dejado descomponer.
Será tarde hasta para lamentarse.
Personalmente no veo la dignidad en perder 700.000 votos. Pero tampoco veo indignidad en la derrota, si se ha perdido en buena lid. Lo que ocurre es que tal vez no haya sido un combate tan limpio, y es muy posible que gran parte de sus votos no hayan ido al PP (que, copartícipe del juego sucio, sólo ha aumentado 200.000) sino que hayan ido a parar al hastío de vídeos y declaraciones demagógicas.
Queremos ver al PSOE en la calle, pero no para darse autobombo en mítines y fiestas de partido, sino para preguntarme a mí y a cada trabajador de cada fábrica, de cada taller, de cada comercio, instituto, hospital... "¿tú cómo lo ves?"
Pedro J. Ramírez : "Si ni siquiera en estas circunstancias Rajoy ha conseguido descalabrar a Zapatero, será muy difícil que le gane en unas generales en las que habrá treinta puntos más de participación."
Luis María Ánson : " Rajoy volverá a concurrir a las elecciones generales que ya perdió en dos ocasiones y que, a pesar del caos zapateresco y la crisis galopante, tiene más probabilidades de volver a ser derrotado que de ganar. Y tal vez siga Rajoy empeñado en hablar del Falcon y otras menudencias, en lugar de centrarse en las cosas serias que preocupan a los españoles."
Federico Jiménez Losantos : "Mariano, el PP con estos resultados por supuesto que pierde las generales ante Zapatero. Estos resultados hacen técnicamente imposible que el PP eche a Zapatero. Imposible. Es que, ha perdido 700.000 votos el PSOE. ¿Y cuantos han ido al PP? 200.000. Si tu no consigues morder ni siquiera en los que huyen del PSOE por la crisis económica (...) si ahí no trituras al Gobierno, cuando el socialismo se ha hundido en toda Europa, pues ya me contarás."
La victoria del Partido Popular en las elecciones europeas ha sido muy clara porque los números cantan: 6.615.015 votos, es decir, el 42,23% de los votantes.
La sensación de alivio que transmitieron anoche, esa especie de dulce derrota -¿haciéndonos creer tal vez que la victoria del PP era amarga?- me resulta muy preocupante, porque indica que esperaban unos resultados mucho peores.
No deberían analizar el magro éxito de su contrincante, sino el propio fracaso. Encerrados en algún despacho de Ferraz, sin micrófonos, sin cámaras, sin demagógicas bobadas. Atreviéndose alguien a decirle a Pajín que se calle un ratito.
Pero claro, cuando Mariano Rajoy arremete de manera tan violenta
Holanda
Esta imagen que ven es la página web del Partido Popular.