Enrique Valdevira, Luis Javier Benavides y Francisco Javier Sauquillo, abogados, Serafín Holgado, estudiante de Derecho, y Ángel Rodríguez Leal, administrativo, víctimas de los últimos sicarios del franquismo.
Sobre las 22.30 horas del 24 de enero de 1977, cuando aún no había comenzado su reunión, José Fernández Cerrá, Carlos García Juliá y un tercero ligados al Sindicato del Transporte afín a la ultraderecha irrumpieron en la oficina del número 55 de la calle Atocha, que los abogados utilizaban como despacho. Acababa de finalizar la huelga del transporte, respaldada por varios de los miembros del bufete, y los afines al régimen querían venganza.
Los pistoleros preguntaron por Joaquín Navarro, entonces líder clandestino de la sección del Transporte de CCOO, pero había salido minutos antes. Tras juntar a los nueve ocupantes del despacho en una de las estancias, dispararon indiscriminadamente contra todos ellos, rematando incluso a quienes yacían en el suelo tras los primeros impactos de bala.
Sobrevivieron, aunque con graves heridas, Miguel Sarabia que escapó por una puerta trasera y consiguió no desangrarse, Luis Ramos, Dolores González y Alejandro Ruiz-Huerta, que se hicieron los muertos.Treinta y cinco años después sólo viven los dos últimos. Ella, que recibió un disparo en la mandíbula del que aún sufre secuelas, sigue sin querer hablar con los medios. Él, que se salvó gracias al bolígrafo que llevaba en el bolsillo de la camisa en el que rebotó una bala, sigue sintiendo culpa por no haber fallecido.
Ruiz-Huerta recuerda que este año el aniversario de la matanza coincide con la vista oral contra el juez Baltasar Garzón, el único que ha intentado investigar la dictadura.
Hoy se cumplen 35 años de la #MatanzaDeAtocha
"Si el eco de su voz se debilita, pereceremos"'

Fuente: IÑIGO ADURIZ (Memoria Pública)




En ese mitin malagueño, el ministro de Hacienda matizada lo afirmado unos días antes por el ministro de Economía en el Financial Times sobre el control de los excesos de las comunidades. Guindos llegó a decir que habría un control previo de sus presupuestos por parte del Estado. Montoro, en el mitin de Málaga, no solo lo desmintió sino que aseguró que no iba a dejar caer a ninguna autonomía a pesar de los gravísimos problemas de liquidez que tienen algunas.
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