Lo siento, Wert. Ha vuelto Pons.
el 19 feb - 1 comentario
Hay personajes de la política que si no existieran deberían inventarlos. Son la salsa que anima el desolado panorama de mediocridad que vivimos. Son los bufoncillos de la nueva corte. En su día ejerció magistralmente ese papel mi admirado Vicentito Martínez Pujalte y, desde que éste se afeitó el bigote, le tomó el relevo el relamido Esteban González Pons.
En el aspecto hay una clara diferencia entre los dos: Vicentito es un "señor de voz aflautada y bigotito de chulapo de zarzuela, con un aseado aspecto de empleado de antigua camisería, que suele gesticular como un hooligan desde las gradas de la bancada popular del Congreso"1.
Esteban, por el contrario, es más fino en las formas, nunca se altera, no grita ni se descompone, viste con lo que ahora se llama ropa casual, nunca va elegante pero siempre tiene el aspecto de dandi levantino: americana de sport, camisa con cuello abierto, sin corbata, pantalones tejanos claros, zapatos sin calcetines... El look polivalente para ir al Mercadona o tomarse un gintónic en el club náutico. Su aspecto podría darle más credibilidad, pero su incontinencia verbal le coloca verdaderamente en el sitio que le corresponde. A pesar de los esfuerzos que está realizando el ministro Wert por ostentar el título, el verdadero bufoncillo de la corte es Esteban González Pons.
Ha estado muchos días en silencio, sufriendo en soledad la triste decepción del ministrable. Como político valenciano, está tocado por el escandaloso despilfarro, derroche y pestilente corrupción que se respira por aquellos lugares en los que no hay dinero para la calefacción de los institutos de secundaria pero sí para delirantes aeropuertos sin aviones, maquetas millonarias de sueños megalómanos y carreras de coches. Y, sobre todo, colateralmente, Pons está salpicado por el caso Nóos 2.
Pero ya se le está pasando el enfado y ha vuelto a hablar, es decir, a ser él mismo: a decir bobadas con verbo engolado.
Hace unos días, González Pons presentó en el Foro Nueva Sociedad a su principal rival en el puesto de bufoncillo, el ministro Wert , donde éste pretendió explicar los improvisados planes de su departamento. Dijo Pons de Wert:
En solo un mes y pico, el ministro de Cultura ha recuperado un tesoro robado en el fondo del mar. El tesoro está en el camino de vuelta a España.
No profundicemos demasiado en el hecho de que no puede estar de vuelta lo que nunca estuvo aquí, por no hablar de quién robó qué y a quién y, por tanto, a quién se le tendría que devolver. Tampoco hace falta recordar que el asunto del tesoro de la fragata "Nuestra Señora de las Mercedes" se ha resuelto tras cinco años de litigio con la empresa estadounidense Odyssey, que lo recuperó del mar (no lo robó) en 2007.
Pero González Pons dijo algo más de Wert:
El ministro de Cultura ha descubierto otra Gioconda, también del entorno de Leonardo como la francesa, pero mucho más joven y mucho más guapa.
Le faltó decir que del PP.
Rescatatesoros, descubridor de obras de arte... Continuó con sus alabanzas:
Wert es brillante, valiente y un especialista en salvar escollos y deshacer nudos gordianos, al que no le falta ni la buena suerte que acompaña a los campeones deportivos.
Todo eso en medio de la polémica por el castigo a Contador, los chistes de los guiñoles franceses y las desafortunadas acusaciones de xenofobia que el ministro vertió sobre nuestros vecinos del norte. Ministro que, por cierto, pocos días después afirmó que en España "tenemos un problema con el dopaje".
Pero no dejemos que Wert nos distraiga de nuestro objetivo.
Por no callar, González Pons nos regala otra perla:
Durante el XVII Congreso Nacional del PP, en relación con la polémica surgida por la enmienda en la que se pide la eliminación de la palabra "cristiano" de la definición ideológica que se hace del partido en los estatutos, Pons dijo mirando fijamente a quien quisiera escucharle:
El apelativo cristiano no tiene connotación religiosa.
No me digan que no es divertido este Pons. Como en todos los gobiernos tiene que haber un tonto útil, estoy convencido de que, en la primera remodelación del gabinete, González Pons recibirá por fin su tan deseada cartera ministerial. Sin duda le darán la de Ministro de Cultura. Cuando ya hayamos amortizado a Wert.

1. Del blog "Saco sin fondo" en su artículo "La doctrina Martínez Pujalte" (20-11-2005)
2. El juez que investiga los manejos del Instituto Nóos con dinero público ordenó a Hacienda que se analicen todos los datos mercantiles y contables de la Sociedad Gestora para la Imagen Estratégica y Promocional de la Comunidad Valenciana, empresa pública en cuyo nombre, y a propuesta de Francisco Camps, González Pons firmó un convenio que garantizaba seis millones a la ONG de Iñaki Urdangarin para diseñar unos inexistentes Juegos Europeos cuya celebración ni siquiera se daba por segura.

En solo un mes y pico, el ministro de Cultura ha recuperado un tesoro robado en el fondo del mar. El tesoro está en el camino de vuelta a España.
El ministro de Cultura ha descubierto otra Gioconda, también del entorno de Leonardo como la francesa, pero mucho más joven y mucho más guapa.
Wert es brillante, valiente y un especialista en salvar escollos y deshacer nudos gordianos, al que no le falta ni la buena suerte que acompaña a los campeones deportivos.
Fernández respondía a una moción de UPyD que pedía la ilegalización de Amaiur. Rosa Díez acusó al Gobierno de "cobardía" por negársela y el ministro del Interior, en otro cambio en la postura del PP, le respondió que Díez practica el "oportunismo político" por proponer algo que divide a los demócratas y sobre lo que ya se ha pronunciado el Tribunal Constitucional.
Hace unos meses, Esperanza Aguirre llegó a comparar a los indignados del 15-M con
¿Se puede tener menos vergüenza? Los mismos que exigían al entonces ministro del Interior mano dura con los desarrapados acampados en la vía pública, pendencieros, antisistema, totalitarios, hoy afirman por escrito que eran unos ciudadanos ejemplares. O mentían antes, o lo hacen ahora. Lo que está claro es que han entrado, una vez más, en contradicción. Todo sea por unos Juegos Olímpicos a los que el Madrid de Botella, a diferencia de Roma, no quiere renunciar. Cueste lo que cueste. Incluso la dignidad.

Es lo que Rajoy quiere y necesita para dar la imagen de hombre duro e implacable que no tiene y que los mercados le exigen. Por eso a de Guindos tampoco se le escapó casualmente lo de una "reforma agresiva".
El Tribunal Supremo ha condenado por unanimidad al magistrado Baltasar Garzón a 11 años de inhabilitación por las escuchas en el caso de corrupción Gúrtel. Se ha dado el primer paso para consumar la venganza.
"Truth on Trial in Spain"
Algo así deben de estar pensando el juez Baltasar Garzón y quienes le apoyan: Tres procesos judiciales abiertos simultáneamente permiten creer que hay una intención de acoso y derribo contra el juez.
La intervención de las comunicaciones de los cabecillas de la trama Gürtel con sus abogados fueron avaladas por el juez del Tribunal Superior de Justicia de Madrid que le sucedió en la instrucción, Antonio Pedreira, por las dos fiscales Anticorrupción adscritas a la causa y por el magistrado de la Sala de lo Civil y Penal del TSJM José Manuel Suárez Robledano. Frente a todos ellos y frente al criterio de los fiscales de Sala del Tribunal Supremo Antolín Herrero y Pilar Valcárcel, el instructor del Supremo, Alberto Jorge Barreiro, decidió abrir juicio oral aceptando los argumentos de los abogados de los cabecillas de la trama corrupta.
3.
Sobre las 22.30 horas del 24 de enero de 1977, cuando aún no había comenzado su reunión, José Fernández Cerrá, Carlos García Juliá y un tercero ligados al Sindicato del Transporte afín a la ultraderecha irrumpieron en la oficina del número 55 de la calle Atocha, que los abogados utilizaban como despacho. Acababa de finalizar la huelga del transporte, respaldada por varios de los miembros del bufete, y los afines al régimen querían venganza.
Sobrevivieron, aunque con graves heridas, Miguel Sarabia que escapó por una puerta trasera y consiguió no desangrarse, Luis Ramos, Dolores González y Alejandro Ruiz-Huerta, que se hicieron los muertos.Treinta y cinco años después sólo viven los dos últimos. Ella, que recibió un disparo en la mandíbula del que aún sufre secuelas, sigue sin querer hablar con los medios. Él, que se salvó gracias al bolígrafo que llevaba en el bolsillo de la camisa en el que rebotó una bala, sigue sintiendo culpa por no haber fallecido.

