José María Aznar dijo ayer que "todo el mundo pensaba que en Iraq había armas de destrucción masiva, y no había armas de destrucción masiva", algo que ahora sabe, pero antes no sabía. No dice que se equivocó, sino que no lo sabía. Es decir, está reconociendo que mintió.
Porque cuando decidió mandar tropas a Iraq él no dijo:
"Mirusté, yo no sé si hay armas o no hay armas de destrucción masiva en Iraq. Míreme a los ojos y créame. Yo no sé si hay o no hay armas de destrucción masiva."
No, eso no fue lo que dijo Aznar. Porque si en las Azores decidieron invadir Iraq sin saber lo que ahora se sabe, fueron unos irresponsables. Algo que los demás ya sabíamos.
Aznar declaró que tiene el "problema de no haber sido tan listo y no haberlo sabido antes, pero es que, cuando yo no lo sabía, nadie lo sabía".
Efectivamente, nadie lo sabía. Y por eso se pedía más tiempo para los observadores de la ONU, que reclamaban eso: más tiempo para saber lo que ahora se sabe.

Pero Aznar decidió poner los pies sobre la mesa de Bush, sentirse un cowboy, hacerse una foto que pasará a la historia de la infamia y sumarse a la aventura de la mentira. Otra vez más. Sólo que esta aventura está constando muchas vidas inocentes.
Y ahora nos dice con la frialdad chulesca que le caracteriza que es que él no lo sabía. Ignorante, mentiroso e irresponsable.
Y encima le aplauden mientras él sonríe. Cómplices de la ignominia.
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