Cuando se muera De Juana Chaos, muchas personas lo celebrarán. Se acordarán de las víctimas del sanguinario criminal y pensarán que por fin se ha hecho justicia.
Me parece triste. De Juana también se alegraba de la muerte de otros. Los otros eran inocentes. De Juana, no.
A mí eso no me da igual, porque me niego a ponerme al mismo nivel que el asesino, y porque creo más en la justicia que en la venganza.
Nadie niega que De Juana es un asesino, y su actitud chula y retadora lo hace todavía más repulsivo de lo que en sí puede ser un asesino. Pero la justicia lo condenó y cumplió su condena: 18 años por 25 asesinatos. Nos parecerá poco, pero eso establecía la ley que se le aplicó, la que estaba vigente en ese momento.
Ahora sigue preso -en prisión preventiva, no lo olvidemos-, condenado a 12 años de cárcel por escribir desde su celda dos artículos amenazadores. De Juana no se arrepiente de nada.
Pero hoy De Juana no está en la cárcel por haber asesinado cruelmente a 25 inocentes ni por no arrepentirse de sus crímenes. Aunque el arrepentimiento pueda ser un atenuante, nos guste o no, la justicia no condena la falta de arrepentimiento.
Cuando muera De Juana, yo no lo celebraré con champán. Porque yo no soy como De Juana.