José Antonio Labordeta es diputado nacional de Chunta Aragonesista. Alguna vez ha declarado que se metió en política porque no sabe decir que no.
Ayer domingo publicó un interesante artículo en El Periódico de Aragón en el que, entre otras cosas dice:
Leo las cínicas y repugnantes declaraciones del señor Aznar para explicar sus razones para aliarse con Bush y declarar la guerra contra Irak. Y uno, que tuvo que sufrir la desfachatez y desvergüenza de un Arístegui, de una indefinible señora De Palacio, extemporánea ministra de Asuntos Exteriores que aseguraba que la gasolina iba a bajar de precio --¿y la sangre?, le pregunté en aquellas jornadas--. Tuvimos que escuchar ridiculeces sofismas del señor Rajoy y llegamos a tal tensión que recuerdo que, al no poder razonar con aquellos políticos irracionales que habían vendido su dignidad a la personalidad de un enterrador como el señor Bush, eché mano de la poesía y contra la mirada gélida de Aznar y la hipócrita tensión de sus huestes leí aquel poema de mi hermano que dice: "Mataros, pero dejad tranquilo a ese niño que duerme en su cuna".
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En el mismo artículo habla de la viñeta de Postigo que publicó el mismo diario el pasado viernes y de la que ya nos hicimos eco En la parada. Una viñeta terrible, dura y elocuente. Labordeta la califica de estremecedora y emocionante. Y añade:
La voy a recortar y la voy a enviar a la calle Génova de Madrid, a la sede del PP, con la esperanza de que a alguien se le apriete un tantico la vergüenza y algún día se liberen de esa extrema derecha, cínica y mentirosa, que los domina. Muchos deberían hacer lo mismo. Un sello cuesta 29 céntimos de euro y, a veces, estos pequeños y emocionantes dibujos sirven más que muchos discursos sin sentido.
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El terrible, duro, elocuente, estremecedor, emocionante y valiente dibujo de Postigo recuerda, sí, el verso de Miguel Labordeta: Mataros, pero dejad tranquilo a ese niño que duerme en su cuna.
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