Hoy muchos blogs y varios periódicos hablan del libro Aznar: la vida desconocida de un presidente. Se trata de la biografía que escribieron Isabel Durán y José Díaz Herrera en el año 1999 y que está publicada por Planeta.

Los autores son dos periodistas que se dieron a conocer con implacables alegatos contra el PSOE, especialmente el titulado El saqueo de España (1996). Pero en el libro que nos ocupa abandonan su actitud crítica para adoptar la apologética, convirtiéndolo en una defensa y, a veces, una loa del por entonces presidente Aznar y de su entorno oficial, hasta el punto de que es muy difícil encontrar alguna leve reserva de los autores acerca de su biografiado.

Sin embargo, en el citado libro pueden leerse cosas como esta:

A veces las sanciones recaían en terceros que no tenían nada que ver, como prueba una conversación telefónica entre el jefe provincial de Tráfico en Ávila, Lorenzo Martín Ortega, ya fallecido, y el director del concesionario Volkswagen en la capital castellana, Rufino Yuste.

El primero llama a este último y le dice lo siguiente:
"-Rufino, ven a verme y tráeme el carnet de conducir.
-¿El carnet? ¿Para que quieres tú mi carnet?
-Porque te lo voy a quitar hoy mismo y vas a estar tres meses sin conducir.
-Y eso, ¿por qué?, ¿qué he hecho de malo?
-¿Que qué has hecho? ¿Te has vuelto loco o qué? Tengo más de 30 multas de Burgos, León, Palencia y Valladolid. ¿Qué haces tú circulando en sentido contrario, saltándote los semáforos, aparcando en prohibido y en doble fila y sobrepasando todos los límites de velocidad?
Rufino cae entonces en la cuenta.
-¿Las multas no serán de un Passat gris metalizado?
-Sí, un Volkswagen Passat, efectivamente.
-Entonces envíalas a Alianza Popular. Porque el coche está todavía a mi nombre, pero se lo vendí a José María Aznar para la campaña autonómica y no lo llegué a conducir". [FUENTE]

Bajo la presidencia de este irresponsable estuvo España durante ocho años, en los cuales se produjeron miles de muertos por accidentes de tráfico sin que su gobierno tomara ninguna iniciativa para solucionar la tragedia.

Sin embargo, y en contra de lo que pudiera parecer tras su última estupidez, durante su gobierno no se suprimieron los límites de velocidad, ni las multas ni los controles de alcoholemia.