Leyendo las noticias que el Partido Popular nos proporciona día sí, día también, y con un poco de memoria que vaya más allá de cuarenta y ocho horas, uno podría entender que es el partido de la paradoja, de la incongruencia o de la hipocresía. O no entender nada.
Pero está todo demasiado claro: El PP es el partido del poder. Y cuando lo pierde se enfada mucho, muchísimo, y es capaz de todo para recuperarlo. Incluso hacer el ridículo.
Después de todo lo que han dicho en los últimos siete años, boicots incluidos, el líder del PP, Mariano Rajoy, considera sin vergüenza que tras las elecciones generales del próximo año su partido puede llegar a un acuerdo con CiU similar al que Gosé Baría Arznar alcanzó con los convergentes en 1996, pacto que propició la llegada de los populares al Gobierno.
En cuanto a las relaciones con los partidos catalanes durante la legislatura de Aznar, afirma que "probablemente todos cometimos errores". "Nadie", asegura, "tiene el monopolio del acierto o del error. Lo que hay que intentar es que todas las etapas sean como la de aquel primer gobierno entre 1996 y 2000, en la que los pactos fueron claros, transparentes y respetados".
En cuanto a la oposición que el PP ha venido manteniendo al nuevo Estatuto de Cataluña, Rajoy manifiesta que "no tiene sentido darle vueltas a lo que pasó", puesto que el proceso de negociaciones de esta nueva norma estatutaria "fue una etapa de la que todos debemos sacar conclusiones de cara al futuro". [FUENTE]
No sé la opinión que tendrán los votantes del PP (aquellos del Pujol, enano habla castellano), ni me importa. La opinión de los votantes del PP me importa casi lo mismo que a los dirigentes del PP. Claro que, sabiendo la opinión que tienen de sus propios votantes, ¿por qué nos sorprendemos?
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