"Que mire usted, señor director: Una cosa había pensado. Como usted bien sabe mi hijo es algo zoquete, sobre todo con las matemáticas, que las tiene atragantadas, y se me frustra. Y ya sabe lo que es la frustración para los jóvenes, que luego te cogen la catana y de aquellos polvos vienen estos lodos. Así que mejor que el próximo curso no le den matemáticas.

Ciencias tampoco, que ya ve cómo está la ciencia, que si Plutón ahora sí es un planeta, ahora no, que si hasta hace dos días la Tierra era plana y ahora resulta que es redonda, que si la sangre circula o no circula, que si hay un agujero en el aire por culpa del desodorante... Mire usted, cuando los científicos se aclaren entonces que mi chiquillo vuelva a clase, mientras tanto para qué perder el tiempo con lo que ahora es y lo que ahora no es.

La geografía lo mismo. Primero que se aclaren. Que si ahora es un país, ahora dos, me separo, me junto... Yo mismo estoy todavía tocado con lo de Checoslovaquia. Fíjese, con lo que fue Checoslovaquia.

¿La historia? Para qué hablar, si lo que ocurrió blanco para otros pasó negro. Si hasta los adultos nos hacemos un lío y no hay manera de aclararse. La historia mejor no menearla, que luego mi chiquillo no sabe qué bandera llevar al fondo norte. O al sur. Y yo no quiero que mi hijo se me frustre.

Y luego la filosofía. Para qué, para aprender a pensar. Después se pasan todo el día pensando pensando y sin hacer nada de provecho.

El inglés ya lo aprende en internet, la educación física son dos patadas al balón los sábados por la mañana, y la música y la plástica son mariconadas para perder el tiempo y usted lo sabe.

Así que mejor le van aprobando ya el próximo curso y dejamos de perder el tiempo. Usted, yo y mi chiquillo.

¡Ah! Otra cosa: La educación para la ciudadanía ya se la iremos dando en casa.

¿Religión? Sí, eso sí, por supuesto. Es que yo con lo de pentecostés no me aclaro."