Que callen los políticos (aunque sea quince días) y otras reflexiones al borde de la piscina.
el 9 ago - 1 comentario
A veces pienso que no estaría mal que este país se disgregara para, de esa manera, en lugar de ser una gran nación de mentecatos pudiéramos ser diecisiete naciones de mentecatos. Tal vez se notaría menos nuestra mentecatez.
Ahora todo el mundo mira a Magdalena Álvarez, que ya tenía que haber dimitido. No por su mala gestión, sino por hablar demasiado.
Qué manía tienen los ministros de hablar y hablar sin continencia. Sin escuchar previamente con mucha atención a los técnicos. Ellos son los que conocen realmente el problema y, a lo mejor, las soluciones. Pero decir que el caos de las infraestructuras catalanas es culpa de este gobierno es una vez más echar balones fuera. Como si todos los gobiernos anteriores no hubieran tenido ninguna responsabilidad.
Las infraestructuras no se modernizan en tres años. Por poner un ejemplo, la autovía Somport-Sagunto (también llamada autovía mudéjar), se proyectó hace dieciséis años y todavía no está acabada.
Tal vez todos mentían antes. Porque, ¿no era Cataluña la comunidad que más se desarrollaba a costa del resto de España? ¿No era aquella Cataluña insolidaria la que una buena parte de la derecha española decidió boicotear?
Magdalena Álvarez tiene que dimitir, Zapatero nombra al segundo de a bordo del ministerio y ni crisis ni leches, porque los que gritan van a seguir gritando.
Una España disgregada dentro de Iberia, la propuesta posiblemente no tan descabellada de Saramago.
Quizás las nuevas pequeñas naciones que surgieran, esas de las que nunca se habla, pudieran vivir en paz y con un poquito de sosiego. Me refiero a esas comunidades que sólo están en el mapa. Las que no se llaman Cataluña, Madrid y País Vasco. Son catorce. Y dos ciudades autónomas de las que sólo nos acordamos cuando muere algún inmigrante intentando encontrar el dorado europeo.
Este verano se ha sumado al circo Navarra, la comunidad más privilegiada de España. Los que antes dijeron (¡hasta hace un par de meses!) que el gobierno central había vendido Navarra a los terroristas ahora dicen que no dijeron lo que todo el mundo oyó. Los mismos que dijeron que Zapatero era amigo de los terroristas ahora llegan a acuerdos con los suyos con el fin de mantener el gobierno foral.
Zapatero se ha equivocado en Navarra. Ha mirado hacia el resto de España, y ha creído que negando el pacto con Nafarroa Bai cerraba la boca de los populares y conservaba los votos del centro.
Los políticos (y mira que se les supone gente avezada en política, qué menos) todavía no se han dado cuenta de que el centro no existe, es algo etéreo, indefinido. Es sólo una palabra sin ningún contenido.
Un votante, delante de una urna, tiene que definirse. Porque el que no se define, no vota.
El error consiste en que la boca del PP no la cierran ni las más puras evidencias de sus propias mentiras. Ahí tienen a Acebes, el amargado rencoroso, sin vacaciones por lo que se ve, incansable. Insufrible.
Zapatero no conservará los votos de los indefinidos que se dicen de centro porque éstos decidirán su voto la noche antes de las elecciones, y decidirán no votar. Sin embargo, el PSOE pierde un reguero de votos por la izquierda -sobre todo en Navarra, pero también en el resto de España- que puede asemejarse a la cogida de Cayetano Rivera, que si no le tapan la herida a tiempo podría haberse desangrado hasta morir. Le pasó a su padre.
Le pasó también a Felipe, padre generacional de Zapatero. Harto de decir que entendía el mensaje, finalmente perdió los votos de una izquierda demasiado frágil.



Yo siempre he pensado que cuando la izquierda ha perdido unas elecciones no ha sido porque se le escapen votos de centro, sino curiosamente porque se le escapan los votos de la izquierda.