Su inconsistencia lo incapacita para gobernar.

Lo realmente sorprendente es que este hombre siga sorprendiéndonos. Y esto ya parece un tema habitual.

"Hacen falta hechos y no palabras", dijo Mariano Rajoy anteayer, refiriéndose a la lucha antiterrorista por parte del gobierno.

Pero como los hechos son contrarios a sus palabras, Rajoy cambia el discurso sin ningún pudor y ayer le exigió a Zapatero que afirme "categóricamente que no se va a producir ningún contacto ni ninguna negociación con ETA".

Si las palabras no le valen, ni le han valido ni le valdrán, ¿para qué las pide? ¿No nos había dicho que la palabra del presidente ya no le vale? Rajoy está dando vueltas sobre sí mismo. Sobre su propia ineptitud. La que demostró en su paso por incontables puestos de responsabilidad.

¿No tiene Rajoy suficiente con los hechos?

No. Porque los hechos desmienten sus palabras.

Y ahora que se siga preguntando por qué es el político peor valorado de los líderes de partidos nacionales. Incluso entre sus filas hay gente que goza de mejor consideración (¡entre los suyos!) que él mismo.

Es lo que tiene la flojera... o sentirse preso o deudor de un nombramiento a dedo.