Escuchar estos días lo que dice gente como Zaplana o Rajoy provoca náuseas. Y esperen a lo que diga Aznar (en el extranjero, en desiertos remotos o montañas lejanas) para echar toda la pota, con perdón.

Dice el portavoz del PP: "Aznar, Rajoy, Acebes y yo mismo fuimos miembros del Gobierno que actuó rápidamente para detener a todos los acusados mientras el PSOE actuaba de forma deleznable".

Ya se habló en este blog de lo imbéciles que parecían los responsables del Partido Popular al no saber rentabilizar políticamente los éxitos policiales de las primeras horas y días tras el atentado. En lugar de ello se dedicaron a sembrar dudas sobre la custodia de mochilas, sobre pruebas manipuladas, sobre incapacidad para determinar tipos de explosivos...

Ahora Zaplana se olvida interesadamente de lo que él y los otros tres jinetes apocalípticos han sembrado durante años: dudas sobre la actuación policial. Y no nos olvidemos de Astarloa.

A Ignacio Astarloa, número dos de Ángel Acebes en el Ministerio del Interior, no le dio reparo calificar de "desastre" y de "disparate" el (según él) cúmulo de fallos policiales previos al 11-M, especialmente los que afectaron a las investigaciones de 2001 y 2003 sobre la trama asturiana. [FUENTE]. La fuente, como ven, no es sospechosa de estar en contra del PP.

Astarloa y Acebes eran responsables del Ministerio del Interior en las fechas en que se produjeron esos disparates y desastres. No sólo no dimitieron sino que siguen hablando como si fueran tertulianos de la radio de los obispos, es decir, con la capacidad de mentir impunemente. ¿Su negligencia es delictiva? ¿Se investigará algún día tanta ineptitud?

Isabel hace en su blog una extensa e interesantísima recopilación de todo lo que dijeron los que ahora dicen que no dijeron. Titula el artículo con la frase de Parménides "La guerra es el arte de destruir a los hombres, la política es el arte de engañarlos". El PP no es, evidentemente, maestro del engaño, aunque lo intenta.

Desenmascarar a los mentirosos en una de las pocas satisfacciones que nos da la política española. Y hacerlo de una forma tan amplia y tan clara nos lleva a preguntarnos si les quedará vergüenza.

Por lo visto y oído estos días, no.