El himno de España ya tiene letra. Se ha consumado la horterada más grande de los últimos decenios.

El texto fue entregado ayer al Comité Olímpico Español por el presidente de un jurado designado por este organismo deportivo y por la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) para seleccionar una letra entre las más de dos mil recibidas. Espero que las Cortes Españolas no lleven a término semejante despropósito que consagre tal memez.

Me imagino a los responsables de la SGAE frotándose las manos pensando en la caja que van a hacer cada vez que una selección española de cualquier modalidad y categoría deportiva se enfrente, en competición o amistosamente, contra otra selección y suene el himno nacional con letra.

Cada vez que un representante de España (no sólo en el ámbito deportivo), por ejemplo el mismo Rey recibiendo en Barajas a Benedicto XVI, se ponga firmes para escuchar respetuosamente nuestro himno cantado, la SGAE hará caja. Y los muy usureros denuncian a autobuses escolares por poner música de Miliki sin haber pagado previamente el impuesto revolucionario.

Y eso que según los estudios de la propia SGAE los artistas tan solo cobran un promedio del 6% por cada CD vendido, siendo el porcentaje restante para las entidades de gestión de derechos y discográficas. Probablemente, entre las bases del concurso tal vez figurara la renuncia del autor de la letra del himno nacional a cualquier remuneración económica derivada de las veces que futbolistas aguerridos lo cantarán desgañitándose... antes de perder el partido. Futbolistas que, posiblemente, cobrarán un porcentaje por interpretarlo con especial pasión. O sin ella. ¿Pudiera ser que la SGAE pagara primas a los futbolistas si lograran pasar de cuartos?

No he leído la letra del este engendro mercadotécnico. Precisamente porque soy muy respetuoso con los símbolos de mi país (patria, nación, estado, nación de naciones... España), jamás cantaré el himno nacional. Porque si algo ha definido siempre al himno español es... ¡que no tiene letra!

Y ahora quieren traicionar esa seña de identidad.