A veces pienso que Mariano Rajoy estuvo durante años secuestrado por la sombra de Aznar y que ahora, por fin, se ha liberado. Si fuera así, me alegro por él, pero su secuestro no justifica la oposición tan desleal que llevó a cabo en la anterior legislatura.

Ahora propone como secretaria general del partido a María Dolores de Cospedal.

Esperanza Aguirre cree que es muy buena noticia esta elección y anuncia que votará a Rajoy. Votará con V.

Dentro de unos días incluso nos querrán hacer creer que en el PP no ha pasado nada en los últimos meses, y que todo ha sido purita invención de los medios afines al gobierno.

De la que será nueva secretaria general se ha destacado su condición de mujer divorciada, madre soltera fecundada in vitro. Esto, que sin duda es lo que menos debería interesarnos de su biografía es, sin embargo, lo que más se está comentando.

Ser mujer dedicada plenamente a la política es algo que el PP lo tiene bastante asimilado desde hace años. Divorciada y madre soltera es algo que deben llevar peor los sectores más ultracatólicos del PP. Les calmaría el hecho de saber que en esa maternidad no ha habido ayuntamiento carnal, pero por otra parte, recordemos la beligerante oposición de esos sectores -hasta ahora muy influyentes dentro del partido- hacia todo lo relacionado con estos temas. Si las ideas de esos sectores recalcitrantes hubieran gobernado este país, ¿la señora de Cospedal sería hoy una feliz madre?

Y yo me pregunto dónde quedan aquellas multitudinarias manifestaciones en las que el PP iba de la mano de la Conferencia Episcopal en defensa de la familia, de la familia cristiana, de la familia tradicional, de la familia formada por un matrimonio entre hombre y mujer con unos hijos concebidos al amparo del amor de los cónyuges bendecidos por Dios.

Y no me vengan ahora diciendo que la situación de María Dolores de Cospedal no entraba dentro de aquellas lacerantes críticas.

María Dolores de Cospedal, precisamente por esta circunstancia, me parece una mujer valiente. Y por su valentía, me merece respeto.

Pero, una vez más, se ha destapado la nauseabunda hipocresía que anida en el Partido Popular, que niegan para los demás lo que aceptan para sí. Y esa hipocresía, doña María Dolores, no es en absoluto respetable.