Entre estas dos imágenes está toda la historia reciente de España.

El tiempo y tal vez los recuerdos suelen magnificar a las personas. Pero la Historia pone a cada uno en su lugar.

Solemos escuchar -y lo pensamos nosotros mismos- que los políticos de hoy ya no son como aquéllos. Hoy no quedan tipos como Suárez o Felipe, Guerra o Abril, Carrillo o Fraga, Gutiérrez Mellado... ¿Dónde quedó la lucidez de Herrero de Miñón, de Roca Junyent, o de Solé Tura, entre otros?

¿Eran aquellos políticos mejores que los actuales? En aquella época a muchos Suárez les parecía un político oscuro -venía de la Secretaría General del Movimiento- y mediocre, gris y sin carisma alguno. Hoy, sin embargo, y no por su triste enfermedad, es un ser respetado por todos y admirado por muchos, incluso por quienes fueron sus adversarios.

¿Qué tenían aquellos políticos? Algo muy sencillo: sentido del Estado, sentido de la responsabilidad y, sobre todo, sentido común. Y lograron que los engranajes no chirriaran demasiado cuando a la nave hubo que cambiarle el rumbo ciento ochenta grados.

Lo interesante sería que a los políticos de ahora les volviera el sentido del Estado, el de la responsabilidad y, sobre todo, el sentido común. Si es que alguna vez lo tuvieron.

Por cierto, en aquella época, algún personaje muy popular años después, se limitaba a preparar sus oposiciones a inspector de hacienda, ajeno por completo al convulso devenir de los acontecimientos, y sin el más mínimo interés por el desarrollo de los mismos. Lo dijo hace unos años él mismo con su tono despreciativo habitual. En la actualidad se dedica a decir al resto de la humanidad lo que tiene que hacer. Y cobra bien por ello. Está en su derecho. La Historia también lo pondrá en el lugar que le corresponde.