En el primer debate cara a cara entre Obama y McCain, el candidato demócrata reprochó a su contrincante republicano que no sepa si está dispuesto a reunirse con Zapatero siendo como es España un aliado de la OTAN:

"McCain ni siquiera está dispuesto a reunirse con el primer ministro de España, que es un país socio de la OTAN, porque no está seguro de que sea nuestro aliado."

Posiblemente el senador McCain no sepa dónde está España y muchísimo menos quién es Zapatero.

Siempre habrá quienes digan que, naturalmente, la culpa es de Zapatero, por el escaso peso específico que tiene en la política internacional. Sin embargo, ese argumento es falso, pues es bien sabido cuánto molestó a la administración norteamericana la retirada de las tropas españolas de Iraq, algo que Bush nunca le perdonó.

Por tanto, es muy probable que a McCain Zapatero le sonara a líder de alguna guerrilla latinoamericana y España a corridas de toros y, por tanto, junto a México o Nicaragua...

En España, para ilustrar la incultura de los norteamericanos solemos echar mano de esas estadísticas que dicen que un elevadísimo porcentaje de estadounidenses son incapaces de localizar nuestro país en el mapa.

Recuerdo una cena con un grupo de amigos en la que salió el tema. Alguien dijo: "Hombre, tampoco es para tanto. Los españoles no sabemos dónde está Minnesota." Surgió rápidamente la respuesta en el sentido de que no se puede comparar la importancia histórica de España, y su legado cultural, con la de Minnesota. Y era lógico.

Sin embargo, se hizo un aterrador silencio en la mesa cuando uno de los comensales, profesor de instituto, sentenció: "No hay que irse a Minnesota. Estoy convencido de que un elevadísimo porcentaje de estudiantes españoles de bachillerato sería incapaz de señalar sobre un mapa mudo dónde está... España".

Nunca se ha hecho la prueba, quizás porque hay cosas que es mejor no saber.

¿Cuántos españoles serían capaces de localizar países que están todo el día en los telediarios, como Israel, Afganistán, Líbano... España?

No nos riamos de la ancestral incultura de los estadounidenses cuando en nuestro país hemos abandonado a su suerte la historia, la geografía, la filosofía y todo aquello que no tenía un rendimiento inmediato. Nos hemos calado la gorra con la visera en la nuca (hay que ser lelo), nos hartamos de basura en McDonald's, consumimos compulsivamente cine norteamericano despreciando cualquier otro (especialmente el nuestro) y luego nos reímos de lo incultos que son los yanquis.

Si pudiera votar en las elecciones USA jamás lo haría por McCain, pero no porque no sepa dónde y qué es España, sino porque me huele a naftalina, a desastre, a nefasto, a caótico... Me huele a Bush.