Algunos están tan empeñados en cargarse a Zapatero cueste lo que cueste que, en su obstinación, son capaces de tirarse piedras sobre su propio tejado o incluso acabar con España. Como suena.

Después de darle un buen repaso a nuestro presidente del gobierno y tratarlo en el mejor de los casos de inútil, para demostrar que la crisis actual no estaba motivada por el capitalismo salvaje y sin control llevado a cabo por los neocon, neoliberales o neosinvergüenzas, un comentarista le echó la culpa de todo a Bill Clinton, el presidente norteamericano que dejó de presidir Estados Unidos en el año 2000.

El corolario es evidente. Si lo que pasa en USA es culpa de quien gobernó hasta hace ocho años, podemos preguntarnos quién demonios gobernaba en España por el año 2000 (anteriores y siguientes) para saber de quién es la responsabilidad de lo que ahora nos está pasando. A nadie medianamente sensato se le puede ocurrir eso.

Suponiendo que lo que hiciera Clinton hubiera sido tan negativo para las finanzas internacionales, Bush tuvo ocho años para corregirlo. A cambio, dilapidó miles de millones de dólares en una guerra infame. Zapatero lleva gobernando menos de cinco años, y sí, es a él a quien hay que pedirle responsabilidades. No vale echar balones fuera y culpar siempre a los demás. Ni aquí ni en los Estados Unidos.

En una muestra de insoportable irresponsabilidad, el director de informativos de una emisora de radio vino a decir que si Solbes afirmaba que nuestros ahorros no corren peligro es porque nuestros ahorros corren gravísimo peligro. Poco menos que hacía un llamamiento a que corriéramos a la ventanilla de nuestro banco y sacáramos todos los -escasos- ahorros para guardarlos debajo del colchón.

Solbes es socialista, los socialistas mienten siempre, por tanto, diga lo que diga Solbes, es mentira. Y se afirma sin rubor aunque eso suponga contradecir a expertos internacionales que aseguran que el sistema financiero español es de los más sólidos del mundo.

Pero, sobre todo, es una clarísima deslealtad a la nación, una gravísima irresponsabilidad y una tremenda sinvergonzonería.

Ese señor es, sencillamente, un enorme sinvergüenza. No esperamos nada de sus jefes, que reciben suculentas subvenciones del Estado incluso a pesar de haber llamado a la desobediencia civil y al incumplimiento de alguna ley.

Puedo entender que odien a Zapatero. A muchos nos pasa algo parecido con el anterior presidente del gobierno. Pero para derrocar a un presidente elegido democráticamente sólo puede haber un camino en un Estado de derecho: las urnas.

Crear alarma innecesaria con exageraciones o comentarios poco meditados, salidos de las vísceras más que de la razón, con el fin de debilitar al gobierno es, como se ha dicho más arriba, de desleales, de irresponsables y de sinvergüenzas.