Zapatero se equivoca. No entiendo ese empeño suyo en acudir a la cumbre financiera que tendrá lugar el próximo mes en Washington, ni esos esfuerzos diplomáticos en conseguir una invitación para la mamarrachada mundial. Una fiesta de disfraces a la que España no ha sido invitada.

Aquí hay gente que se rasga las vestiduras porque, por culpa de Zapatero -cómo no- España, ¡¡la octava potencia mundial, oiga!!, ha sido apartada del fiestorro.

Nos hemos agilipollao. Más de lo que pensaba. Porque, vamos a ver:

La cumbre la convoca Bush -e invita a quien cree conveniente, que por eso es su casa- para resolver la crisis financiera que afecta a todo el mundo. A todos los países. O sea, el pirómano metido a bombero.

Entre sus invitados, Argentina, que del corralito particular ha pasado de manera internacionalmente irresponsable a dinamitar bolsas extranjeras. El analfabeto convertido en maestro.

Ahora, algún otro mamarracho ha declarado que "ha muerto la dictadura del mercado". Lo que hasta hace poco era el dios que todo lo remediaba, ahora es un dictador: el mercado. La puta metida a monja. O al revés.

Los ladrones se convierten en policías.

Carnaval es en febrero, pero Bush en febrero ya será un cadáver político que deja la herencia más nefasta de la historia de los Estados Unidos, arrastrando en ella a todo el mundo. El niño pijo, consentido, pendenciero e ignorante no quiere invitar a Zapatero a su fiesta de despedida. Miedo me da pensar el legado que puede dejar semejante cumbre.

Si Zapatero finalmente acude (le dejan entrar en la farsa) se habrá hecho una foto poco digna con un tipo como Bush, que ni ganó limpiamente unas elecciones ni llevó a su país y al mundo por los caminos correctos, sino al pozo en el que ahora todos nos encontramos.

Alguien debería recordarle a Zapatero que al mamarracho le quedan cuatro días y hay fotos que apestan.