¿Qui prodest?
Tirad del hilo y llegaréis al ovillo. Pensad quién va a vender libros como churros estas navidades.
No está mal si con ello deja de dar la vara por un tiempo.
Iba a escribir sobre las opiniones de nuestra reina acerca de cuestiones mundanas, pero el tema se ha agotado en 36 horas. No hay ya nada nuevo que aportar. Vivimos en una sociedad tan consumista que hasta una jugosa noticia se pudre a las pocas horas.
Por otra parte, las opiniones de doña Sofía me interesan bastante menos que las de la muchacha que me sirve el café en el bar todas las mañanas -se llama Lucía, sin doña-, con todo el respeto para ambas.
Lo que me interesa de la reina (como jefa de Estado consorte que es) es su actitud en el puesto que desempeña. Y, en ese sentido, es impecable y honestamente no se le puede reprochar nada. ¿O alguien se ha sorprendido de que la reina, en su fuero interno, pensara lo que ahora una periodista cortesana ha hecho público?
Si alguien se ha sorprendido es que era un iluso, y si alguien se ha ofendido es que tiene una sensibilidad demasiado a flor de piel.
Estoy convencido de que España es un país completamente democrático y en este sentido no tiene nada que envidiar a lo que llamamos "nuestro entorno". ¿Podemos compararnos objetiva y democráticamente con la Italia de Berlusconi?.
Nadie ha dicho aquí que nuestra democracia sea perfecta. La sociedad perfecta no existe, y el día que exista, que Dios nos pille confesados.
Una sociedad perfecta fue la española franquista, la alemana nazi , o la soviética de Stalin. O la de 1984 de Orwell.
Eran perfectas para ellos. Lo proclamaban ellos. Sólo se lo creyeron ellos y la panda de incautos que les babeaban. Y les siguen babeando décadas después desde una equidistancia nauseabunda.
Yo no quiero una sociedad perfecta.
Me conformo con una sociedad que sepa reconocer sus errores y sus deficiencias, una sociedad que crea que la justicia es posible, así como la igualdad de derechos para las personas. Esto sólo es posible en una sociedad democrática.
Sin embargo, tal vez por su tardío ingreso en el club de países libres y la pesada losa de los cuarenta años de dictadura, España tiene un problema llamado "libertad de expresión".
Como en casi todo, este país de bandazos, de acciones y reacciones pendulares, pasa de la gran sequía a la gran remojada, del hambre canina al hartazgo. Pensamos que todo está permitido, confundiendo la libertad de expresión con la libertad de insultar, vilipendiar, humillar, vejar, difamar... Y para esto no puede haber libertad, ni en una sociedad democrática ni en otra que no lo sea. Para esto hay tribunales y justicia, responsabilidad y que cada palo aguante su vela.
Es curioso y divertido comprobar que gente equidistante con la dictadura franquista y la democracia actual, afirma que en España no hay ni democracia ni libertad auténticas. Y para ello emplean una retahíla de insultos y menosprecios hacia el presidente que los españoles hemos elegido para que nos gobierne. Algo que no se atreverían a hacer con aquel caudillo de España por una gracieta de Dios.
Dicen, los muy desvergonzados, que ahora estamos en la dictadura de los medios: Prisa, Cope, Ser, LD... Nunca mencionan a La Sexta -pobre- que tanto les jode. ¿Oyeron hablar alguna vez de Murdoch? ¿Saben lo que es la Fox, la CNN, la CBS? A ver si ahora resulta que en Estados Unidos hay una dictadura de los medios. Hay que ser simple, por no decir imbécil.
Por eso, por no entender con claridad lo que es la libertad de expresión, se monta el revuelo que se monta cuando una señora dice lo que piensa. O dicen que piensa lo que dicen que ha dicho.
Que esa señora sea la reina de España (a la que tengo cierta simpatía y todo el respeto), no debería ser muy diferente si quien lo dijera fuera Lucía, la muchacha que me sirve el café en el bar todas las mañanas. La libertad de expresión es un derecho universal reconocido en la carta de derechos humanos. Y eso quiere decir que todos, también los reyes y las reinas, los sapos y las ranas, tienen derecho a decir lo que piensan.
Por eso es muy interesante la matización que ha hecho la Casa Real:
Tal y como se reproducen [las opiniones de la reina], no reflejan la profunda actitud de respeto de SM la Reina hacia todas las personas, su cercanía hacia quienes sufren, son perseguidos o discriminados. Tal y como se reproducen tampoco reflejan la impecable trayectoria de absoluto respeto y neutralidad mantenida -como es público y notorio- por SM la Reina frente a los asuntos objeto de polémica en la vida pública española e internacional y, en particular, frente a aquellos ámbitos objeto de decisiones adoptadas por los representantes de la soberanía nacional o por cualquiera de los otros poderes del Estado.
Lo que piense doña Sofía Grecia me resulta indiferente, como me resulta indiferente si tiene la cocina limpia y su escritorio ordenado.
Lo que nos importa y nos interesa es la capacidad de cada cual para desempeñar su trabajo. Y en eso, nadie puede tener quejas de la reina.
Como no las tengo de Lucía.




Alex, totalmente de cuerdo con este artículo.
Saludos amistosos.
Claro… ya no se trata de que nos guste o no lo que ha dicho, se trata de que no puede manifestar opinión alguna, y menos en contra, sobre asuntos que el Parlamento ha elevado a ley. Ella solo es la acompañante de «nuestro máximo representante diplomático» ante el resto de las naciones y pueblos, y se había mantenido muy profesional hasta la fecha. La monarquía no tenía mucho futuro en la España moderna, la de hoy, y mucho menos en la de mañana. Con Juan Carlos se cerrará la última página de la monarquía Española. Lo que esta señora dice en el libro de la periodista del Opus pone de manifiesto lo anacrónico de la realeza y su talante. Por mucho que intenten cambiar algunos «grandes de España», seguirán pensando que están por encima del resto de los mortales, y lo que nos saquen a los súbditos, siempre les parecerá poco. Personalmente creo que llegó la hora de cambiar el modelo de estado y pasarles una pensión digna para que puedan disfrutar, lo que les queda de vida, sin tener que trabajar. Estaré encantado de que con mis impuestos sigan haciéndose ricos sin dar ni golpe, pero en una República Federal y democrática sin privilegios dinásticos.