No puedo con él.

Sé que lo mejor sería ignorarlo, como hacen en su partido, del que es presidente de honor: ni puñetero caso. Pero aquél que pidió que lo dejáramos en paz, que decía estar retirado de la política, que creíamos dedicado exclusivamente a menospreciar a España desde su puesto de bufón de Murdoch y a presentar desde una fundación fantasmagórica libros provocadoramente negacionistas de lo evidente, que nadie lee ni leerá, no nos deja.

Es un tipo insoportable que, además, le gusta provocar. Es su manera de estar en el candelero, de no morir en el olvido. Es una manera de superar ese complejo de oscura mediocridad que siempre ha padecido y con razón. Es, de alguna manera, su forma de ocultar su gran fechoría histórica. Mientras le recordemos por sus boutades, cree que olvidaremos la foto infame. Una cosa no quita la otra.

Desde su posición de vil escudero, él, que puso los pies encima de la mesa del amo, se cree hidalgo caballero, y como el perro fiel sale ahora en su defensa, ahora que el amo está hundido no sólo por la historia sino por los mismos hechos presentes.

Lo escribe en Le Figaro bajo el título "Lo que le debemos a George W. Bush"

Aznar opina que Bush asumió "con lealtad y valentía" sus responsabilidades para hacer avanzar "causas nobles y justas" y aunque es consciente de que muchos no compartirán esa afirmación se muestra convencido de que la Historia "le hará justicia".

Defiende su "gran contribución" para "la supervivencia de la libertad en las naciones que la disfrutaban y para promover que se extienda a tierras condenadas durante demasiado tiempo a la tiranía y la barbarie".

Si eso mismo lo dijera un compañero de trabajo diríamos que es gilipollas. No lo diremos de un expresidente del gobierno español que entraba en la Casa Blanca y en el rancho de Bush por la puerta de servicio.

Uno puede entender la lealtad del perro faldero hacia el amo, en cuyo regazo solía dormitar y a sus pies jugar a los soldaditos. La fidelidad hacia quien le dio de comer y no le golpeó con la vara. Pero el baboseo mentiroso del empleado de la Fox es repugnante. Sobre todo porque los hechos fehacientes demuestran con meridiana claridad que lo que dice el servil lacayo es falso.

"En el momento del adiós, que muchas veces va unido a momentos de ingratitudes, me parece justo reconocer que George W. Bush ha marcado el camino que debemos seguir en estos tiempos oscuros y difíciles, pero también de esperanza. Nos deja su mejor legado: el legado de la libertad", concluye Aznar.

Y una mierda.