Hasta ahora nos habíamos familiarizado con el término neocon. Son esos tipos dinámicos que pretendían el poder -no necesariamente el gobierno-, fieles creyentes a pies juntillas de -por este orden- el libre mercado, la libre competencia, la libre zancadilla y el libre sálvese quien pueda. Si para triunfar tenían que montar una guerra se montaba y en paz. Si hay muertos se siente, que hubieran sido neocon y habrían ido a otras batallas menos mortales.

A este movimiento, surgido en la era Reagan, se sumó jubiloso nuestro casposo por excelencia cuando se hizo amiguete de George W. Bush. Ahora que todo está en crisis, pretendía dirigir un club de fútbol. Es lo que hace la caspa.

Curiosamente, el término neocon entra en crisis justo cuando la crisis entra en los hogares de todo el mundo. Los dinámicos tipejos del todo vale porque quien manda es el mercado, tomaron sus maletas y se esfumaron -con las maletas llenas- no sin antes darse un garbeo por los mejores balnearios del mundo a costa del dinero público.

En España, como definitivamente somos más cutres entre la caspa de unos y la polilla de otros, los neocon no llegaron a cuajar.

Aquí los que realmente triunfan son los teocon. El término no es nuevo, y sus seguidores tienen gran influencia en Estados Unidos o en Italia. En España pretenden implantarse -reimplantarse- con la misma fuerza. Llenan páginas de periódicos, horas de televisión y debates radiofónicos. En su día, llevaban al dictador bajo palio, una de las cosas que pretenden que olvidemos, supongo, por aquello de que es historia pasada y hay que pasar página.

Hoy día se han soltado la melena y se atreven a arremeter contra todo. Y meten en el mismo saco el terrorismo, la eutanasia, las células madres, el divorcio, las uniones homosexuales, la crisis económica... y unos modestos crucifijos de una modesta escuela pública, haciendo de una obsoleta anécdota un problema de Estado. Qué curiosidad que de la violencia contra las mujeres no suelen hablar nunca.

A este movimiento ideológico de los teocon pertenecerían asociaciones como Comunión y Liberación, Asociación Católica de Propagandistas, Hazte oír, Foro Español de la Familia, Legionarios de Cristo, Plataforma E-cristians, el Opus Dei o los Kikos. Y por supuesto se podría contar entre sus principales exponentes al cardenal y arzobispo de Madrid, Rouco Varela.

Para los teocon todo lo que no sea lo que ellos dicen va en contra de la dignidad de la persona y, por tanto, lo atacan con una violencia verbal impropia de quienes dicen portar la voz de Cristo. Ahora sacan el neologismo cristofobia porque un juez (no el gobierno socialista como algunos medios pretenden intoxicar) dicta, ante la demanda de unos padres, que se retiren esos crucifijos que, dicho sea de paso, no sé qué hacían ahí después de treinta años de Constitución aconfesional.

Nuestra común amiga Isabel está preocupada porque oye ruido de sables. No. Se trata de gentucilla que se aburre, que no les gusta cómo está España, que les gustaba más la de Franco -al que la mayoría sólo conoce por referencias de su abuelo, si es que conoce algo-, que por sus venas corre sangre fascista, racista, xenófoba, homófoba y machista. También hay algún líder mediático que le gustaría que España fuera distinta de lo que es, etc. etc. Pero como nadie les hace ni puñetero caso, se montan follones vía internet, acaparan blogs, foros y otras mandangas para exigir mano dura y un buen golpe de Estado como Dios manda y no como el de Tejero, coño, que vaya mierda de golpe.

Afortunadamente, nuestro ejército tiene otras inquietudes, otros intereses, otras cosas que hacer. Otras causas por las que luchar. Y, creo, lo están haciendo impecablemente.

A mí me preocupan más estos teocon. Por su polilla, por su caspa, por su halitosis. Porque estos lo que quieren es pasar página, sí, pero hacia atrás.