Los asesinos volvieron a actuar el pasado miércoles en Azpeitia. La víctima, el empresario guipuzcoano Ignacio Uria Mendizabal.
Se han escrito -como siempre- centenares, millares de artículos, comentarios, opiniones... He preferido no escribir nada sobre el tema: no tenía nada nuevo que aportar. A veces, el silencio es mucho más prudente.
He soportado -con dificultad- explicaciones acerca de la vinculación de Uría con la Y vasca. Ahora va a resultar que ETA tiene principios ecológicos. Y una mierda.
Lo que sí es cierto es que ETA escenifica cruel y sangrientamente lo que decía aquella pintada: "STOP al progreso". Lo que temen es, precisamente, el progreso. No sólo en infraestructuras (las posturas contrarias al tren de alta velocidad son plenamente respetables, ¿hay que decirlo?), sino el progreso en ideas, en costumbres, en política, en ciudadanía, en derechos, en libertades... ese progreso que el resto de España (y también el País Vasco, a pesar de ellos) lleva viviendo con mayores o menores dificultades en los últimos treinta años.
Quien diga que España (y también el País Vasco) no ha cambiado nada desde la época de Franco -y lo dicen-, o miente descaradamente o es imbécil directamente.
Pero no me interesa escribir sobre los asesinos: está todo dicho.
Me interesan las ratas. Las ratas son las únicas que tienen la clave para que la iniquidad en nombre de los vascos termine de una vez por todas.
El alcalde de Azpeitia, localidad en la que vivía y trabajaba la última víctima de los asesinos, no ha condenado el crimen. Se dice que ANV ha perdido otra oportunidad para desmarcarse de los terroristas. En realidad, lo que ANV ha perdido es una oportunidad más de dejar de ser ratas de alcantarilla.
Pero la infamia de las ratas parece no tener fin. El alcalde de Azpeitia, que no condena el tiro cobarde en la nuca de un conciudadano cuya única arma era su trabajo, ha decidido hoy colocar la bandera del ayuntamiento a media asta y con crespón negro. He leído algún comentario sobre lo que el "gesto" significa. En mi opinión, el gesto sólo significa que las ratas de alcantarilla son asquerosas y nauseabundas.
Porque el señor Uría no ha fallecido atropellado accidentalmente, ni le dio un infarto fulminante sobre una acera de la localidad que rige un tipo de ANV al que han votado otros habitantes de Azpeitia, como el asesinado. Asesinado. Asesinado no por gudaris vascos, sino por talibanes vascos.
Se suele criticar a Bono, presidente del Congreso, por su lenguaraz verbo. Y, en ocasiones, dice lo que muchos pensamos:
"Si en un pueblo 2000 personas votan a ANV es que necesitan tratamiento, psiquiátrico o de la policía, sin matiz ninguno".
Imagen 1: EFE.
Imagen 2: Blog "Todos los lunes".
6 dic 2008 | 03:17 PM
Perdona que difiera un poquito 500 necesitan ese tratamiento el resto o se enfrentan o estan muertos de miedo, por unos descerebrados que levantan la bandera de la libertad y lo que hacen es matar a sus propios por no pagar el famoso impuesto revolucionario, osea mercenarios habidos de dinero, no de ideas ni mucho menos libertades, como pueden esgrimir cuando ellos son los primeros que coartan a las personas en su pensamiento,pero esto no se a quien beneficia para que siga existiendo, presos politicos no señores matones a sueldo,. Un saludo