La base de un Estado democrático (tal como convencionalmente se entiende por "estado democrático") tiene su raíz en la separación de los tres poderes: ejecutivo, legislativo y judicial.
Esto lo saben (lo sabían) los estudiantes de primero de bachiller cuando estudiaban la revolución francesa, (ésa que en septiembre del 91 -¡de 1791!- establecía la separación de poderes: legislativo en la asamblea nacional, ejecutivo en manos del rey y judicial en manos de los jueces).
Claro que el cura que nos explicaba Historia se burlaba de tal atrocidad. Según él, el poder del Estado estaba sólo en las manos de Dios. La realidad es que, en aquellos tiempos, los tres poderes -los tres- recaían en manos del dictador (no en vano era caudillo de España por la gracia de Dios), ése que compartía espacio sobre la pizarra con un tal José Antonio y, en medio de los dos, un Cristo crucificado.
Por fortuna, hoy día en España hay una separación de poderes. Al menos formal, lo cual nos concede, formalmente, el status de país democrático.
Sin embargo, en nuestro país nunca hemos llegado a una real separación de poderes. Nuestros políticos nunca se han creído ni el Estado, ni la democracia ni las mandangas.
Ibarretxe -sobre todo, pero también Montilla- nunca se ha creído que él es Estado. Incluso los diputados del Congreso no han acostumbrado a actuar como Estado (en ocasiones han sido meros deplorables hooligans)... por no hablar del Senado. ¿Existe el Senado? Y, en caso de que exista... ¿para qué? No digamos ya los gobiernos autonómicos en general o, todavía más, las cámaras legislativas de los distintos territorios nacionales: Muy pocos se creyeron Estado. Incluso los gobiernos centrales han actuado en muchas ocasiones más como animadores de su partido que como presidentes de la Nación.
Podríamos concluir en que aquí el único que ha tenido muy clara la idea de lo que es un Estado ha sido el rey. Manda huevos: el que ni pincha ni corta.
Pues bien, si realmente nos consideramos un país democrático -al menos en la letra- habrá que actuar como tal, y exigir a sus actores principales que desempeñen su papel a la perfección... o que se vayan.
¿Puede el rey ponerse en huelga porque considera que la partida económica destinada a la Casa Real en los presupuestos del Estado es escasa? ¿Podrían los diputados ir a la huelga porque no les pagan determinadas dietas que consideraren justas? ¿Y los senadores.... podrían hacer huelga de brazos caídos exigiendo faena, coño, faena? ¿Podría ponerse en huelga Magdalena Álvarez para reclamar cariño y comprensión? ¿Qué tal si el presidente del Gobierno y todos sus ministros deciden hacer huelga porque son unos incomprendidos, y el país está en crisis, y van perdiendo confianza, y la oposición es que es tonta del culo?
Pues los jueces, el tercer pilar de un Estado democrático, amenazan con una huelga.
Y ahora díganme si en este país hemos entendido algo de lo que es una democracia.
14 ene 2009 | 10:34 PM
Este tema me sobrepasa con creces. Después de ver cómo los pilotos llevan semanas en huelga, los controladores aéreos también y ahora ésto. Es decir, no son los obreros, son, los más privilegiados del país los que se alborotan. Esto apesta y recuerda que empezamos con la huelga de Transportitos que quisieron paralizar el país. Como por tierra no pudieron, ahora atacan por aire.
No entiendo nada ni sé que pretenden (bueno sí) pero me da tanta rabia que a partir de ahora, que nadie diga que vivimos en democracia.
Besos
15 ene 2009 | 12:05 PM
Al igual que el cura que nos enseñaba historia, se burlaba de esa posibilidad democrática, la mayoría de los jueces (si no todos) pretenden hacer lo mismo, situándose por encima del bien y del mal. La democracia no ha llegado a ellos. Como el papa, se creen infalibles y están varios escalones por encima del resto de los mortales.
Siento vergüenza de esta clase de gente, que encima de estar en el machito, pretenden ser los amos del cotarro.