Una de las actitudes menos habituales, por no decir inexistente, entre nuestros políticos es la autocrítica. La mayoría de ellos padece de incontinencia verbal y sabido es que quien mucho habla mucho yerra. Pero reconocer los errores propios o los del propio partido eso ya es harina de otro costal.

Rajoy puede ser una excepción. Al menos en temas menores, de relativa trascendencia en la vida del país pero que, sin embargo, proporcionan una idea del tono o del nivel en el que nos desenvolvemos. Un tono y un nivel deplorables, ciertamente.

El líder del Partido Popular se ha referido en el programa de la Cadena Ser "A vivir que son dos días" a la polémica desatada por Montserrat Nebrera cuando señaló que a la ministra de Fomento se le unía su problema de comunicación y su acento andaluz, lo que provocaba que fuera "de chiste".

Rajoy ha señalado que "no le gustaron nada las declaraciones de Nebrera" y que el acento de Andalucía "es muy bonito".

Ante la portada que ha protagonizado Soraya Sáenz de Santamaría en el diario El Mundo, el presidente del Partido Popular ha señalado que a su compañera de partido "hay que juzgarla por su actividad política y no por esa fotografía, al igual que a la ministra de Defensa o a cualquiera". Sin que sirva de precedente, estoy de acuerdo con Rajoy, y me gustaría que en su partido tomaran buena nota de esas palabras.

Al recordársele que desde su partido se emitieron numerosas críticas al reportaje de las ministras en Vogue ha señalado que "probablemente no debiéramos de haberlas hecho, hay todavía un largo trecho por recorrer".

Supongo que ese largo trecho será capaz de recorrerlo el señor Rajoy no sólo en la Cadena Ser, sino en las profundas entrañas de Génova 13. Y estaría bien que otros políticos lenguaraces (Pepe Blanco es uno de los más destacados) tuvieran prudencia, rigor y altura de miras, es decir, visión de Estado.

Los partidos políticos no son sociedades gastronómicas ni peñas festeras; el ejercicio de la política no es la charlatanería ni el filibusterismo, ni el parlamento un ring de pressing cash. Si esto lo entiende el señor Rajoy, va por buen camino. Si lo dicho hoy lo ha hecho para agradar los oídos de los oyentes de la Ser, tarde o temprano quedará en evidencia.

De una u otra manera, en su partido (y aledaños mediáticos) hace tiempo que están afilando la guadaña.