Sabido es que cuando los rojillos que tenemos un blog escribimos un artículo o hacemos un comentario en otro blog, estamos siguiendo fielmente la consigna que esa misma mañana nos ha sido remitida por sms para que el adoctrinamiento al que estamos sometidos no decaiga y seamos cada día más fieles inquebrantables a la causa.

Hace un par de días me llegó la consigna de ver un programa de Libertad Digital Tv. No sé a cuántos rojillos más nos llegó tan cruel orden, pero yo, como unidad disciplinada que soy, me senté en mi sofá con un gran paquetón de palomitas y un par de cervecitas. Las cervecitas eran de litro, porque la ocasión lo requería. Terminé tomándome una tercera cuando ya no pude más.

La protagonista era doña Esperanza Aguirre y Gil de Biedma (Madrid, 3 de enero de 1952), la esperanza de la gran derecha española, con permiso del exótico José María Aznar.

Esta mujer me aturde. Como política reconozco que no es mala. Más bien al contrario, tiene ese gancho populista que encandila a todo tipo de personas: incultos, cabreados, rencorosos, intransigentes, meapilas, neoliberales, neocons, neosins, teocons, catetos, escapistas, desclasados, defraudadores, señoras y señores, madames, monjitas, frailes... En fin, como cualquier líder político de centro que se precie.

También reconozco que no me enteré de nada de la entrevista que se le hizo, y eso que cuando empecé a verla (era una reposición) creí que me quedaría atrapado, tal era el grado de empalagosidad meliflua que destilaba el ñoño presentador.

Pero los que me atraparon fueron los mensajes sms remitidos por los teleespectadores que, constantemente y sin cesar, uno tras otro, sin excepción, alababan a doña Esperanza, la llamaban presidenta... ¡presidenta de España!, reclamaban prietas las filas. Salvo un mensaje que insultaba levemente a Zapatero, todos los demás eran para reclamar que Aguirre se presente a las generales (como gran esperanza para la salvación patria) y, sobre todo, para insultar gravemente a Rajoy y a Gallardón.

Debo agradecer que se me quiera adoctrinar obligándome a ver este tipo de programas. Es duro para un ser de convicciones débiles y fácilmente manipulable, pero gracias a ello creo que voy entendiendo un poco todo lo que está pasando en la Comunidad de Madrid, con su presidenta, con sus consejeros, con sus cajas de ahorro, con su Partidito Popular, cada día más partidito y menos popular...