Desde que tengo uso de razón, el gran coco de la economía siempre había sido la inflación. La inflación era aquello que debíamos controlar para entrar en el euro. La inflación era la culpable de que, por sistema, no llegáramos a fin de mes. Las pensiones o los aumentos salariales estaban en función del IPC. El objetivo siempre fue la contención de precios.
Pues ahora resulta que no. El mayor enemigo de la economía mundial no es la inflación, sino la deflación, es decir, la caída en picado de los precios.
Lo malo es que esa caída de precios viene motivada por un descenso de la demanda y por una oferta demasiado abundante, lo que implica falta de inversiones y aumento del desempleo. Un círculo vicioso del que no es fácil salir.
En los años ochenta, la burbuja especulativa provocó una gran deflación en Japón. A mediados de los noventa, las empresas se dieron cuenta de que sus capacidades de producción y de efectivos eran demasiado grandes y sus deudas demasiado importantes. Dejaron de invertir y los precios y los salarios empezaron a disminuir.
Sin embargo, la deflación favoreció a los más ricos y a los jubilados, cuyos ingresos fijos les permitían ganar poder adquisitivo a medida que bajaban los precios. En cambio, para muchos asalariados la deflación significó precariedad e inseguridad financiera.
A la precariedad del empleo se añadía el hecho de que, debido a la caída de los precios, era más rentable poner el dinero bajo el colchón y gastarlo lo menos posible, en lugar de invertirlo en bolsa o en la compra de una casa o de un coche.
Inflación o deflación. El caso, siempre, es joder.
1 feb 2009 | 01:58 AM
Ález, amigo,
Es cierto, tanto con inflación cómo con deflación, el asunto es jodernos.
Tan sólo un pequeño matiz: como perteneciente al segmento de población de los jubilados permíteme que te diga que, al margen de lo que ocurriese en Japón ya que lo desconozco, aquí en España, la cosa no es tan sencilla y dudo de que se vean favorecidos por este fenómeno económico.
La razón estriba en que muchos productos, tales como el transporte, electricidad, tasas locales, etc., no sólo no han bajado sino que han incremetado su precio, y eso para muchas pensiones que rozan la horquilla de los 400 a los 600 euros, es un drama.
Siempre, amigo, habrá alguien a quien le afecten las crisis más que otros, y no hace falta que te diga quiénes son éstos....
Un cordial saludo.
1 feb 2009 | 10:30 PM
Hace medio año e problema era la inflación, ahora el problema es la deflacción, pero realmente el problema es que hay más de 4 millomes de parados que no tienen dinero para gastar y los comerciantes tienen que atraer el dinero que hay en el mercado y para ello unos ponen un precio y los otros un poquito más bajo, a ver quien se lleva el gato al agua.
Realmente no veo luz al final del tunel.