Cuatro días de fiesta, qué pronto pasan. Y todo vuelve a la normalidad, a lo habitual, lo cotidiano.
Incluso Rajoy ha vuelto después de sus cuatro días de merecido descanso. El hombre llevaba meses pidiendo cambios en el gobierno, y cuando éstos se producen exige que el presidente dé explicaciones urgentemente. Pero la urgencia se puede aplazar porque España, y él, se va de vacaciones.
Estamos en España. ¿Lo recuerdan?
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Hace quince días -quince- llamé al fontanero para que me solucionara un problema menor. Un pequeño problema que en fontanería es siempre un gran engorro.
Se ha presentado esta misma tarde. Cuando le he preguntado si había mucho trabajo, me ha mirado por encima de sus gafas y con una sonrisa cínica me responde: "¿Trabajo? Pues no está la cosa jodía ni ná".
No he querido preguntarle por qué, si no hay faena, ha tardado dos semanas en venir a reparar algo que le ha costado menos de diez minutos. No es cuestión de discutir con un fontanero antes de que te haga la factura.
Ignoro cuánto me cobrará por el trabajito. "Se pase por la tienda la semana que viene para pagar". Al menos tampoco tiene prisa para cobrar.
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Oigo en la radio del coche a un señor muy educado, pero a la vez muy enfadado, que en un tono firme asegura con rotundidad que en España la religión católica sufre persecución.
Y lo dice sin que se le caiga la cara de vergüenza por la falsedad manifiesta de tal afirmación.
Mi coche intentaba encontrar la ruta para volver a casa entre tantas calles que el ayuntamiento había cortado para que pasaran las procesiones de Semana Santa. Esto sucedió el miércoles.
Miles de cofrades portando pasos, tocando cornetas y timbales, precedidos de penitentes que hacían pública manifestación de su fe, custodiados por la policía local, bien en moto o incluso a caballo... ¿Es la imagen de un país en el que la religión católica sufre persecución?
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Aperitivo en un bar de tapas, sábado de gloria.
Mientras los dos camareros atienden solícitos a la clientela, el dueño, acodado a la barra en un rincón, habla a voz en grito con un grupo de clientes. "¡Que nadie critique a Zapatero -les dice-, que es el único que trabaja en este país!" Sus oyentes le miran con la sonrisa contenida, esperando el final del chiste: "¡Es el único que todavía tiene trabajo!"
Su auditorio le ríe la gracia mientras los camareros continúan sirviendo cañas de cerveza y papas bravas. Sí, la cosa está muy jodía: hemos cambiado las gambas a la plancha por las papas bravas.
Hoy habrán vuelto al tajo con la cara amargada. Los parados no suelen hacer chistes sobre el tema.
14 abr 2009 | 01:50 AM
Amigo,
Unas excelentes historias dignas de reflejarse en Celtiberia Show, el estupendo libro del excelente periodista y mejor persona Luis Carandell. Pero, ya se sabe... ¡Estamos en España!
Por razones profesionales pasaba largas temporadas fuera del país, pero en cuanto pisaba el aeropuerto de Barajas se me hacía realidad la conciencia de que entraba en un mundo muy particular. Permíteme una anécdota:
Recién llegado a Madrid me situo en la cola del aeropuerto en espera de mi turno para tomar un taxi. Pues bien, durante diez minutos observo que los clientes no respetan la cola y que directamente se acercan a los taxis que van llegando y, sin oposición alguna por su parte, se dirigen a sus respectivos destinos.
Algo mosqueado y tras esa espera inútil tomo mi maleta y me acerco al primer taxi que se acerca a la parada. Lo abordo a unos quince metros de la misma y cuando pretendo abrir la puerta y penetrar en su interior, el taxista saca la cabeza por la ventanilla y con no muy buenos modales me grita: ¡Vaya hasta la parada y espere su turno!
Lo dicho.... ¡Estamos en España!
Un abrazo.
14 abr 2009 | 01:24 PM
Elocuentes historias que nos demuestran como "semos" en España. Una crisis tremebunda, pero 5 días sin dar un palo al agua y, al menos por donde yo vivo, sufrir para encontrar una mesa en uno de los muchos restaurantes abiertos estos días.
Eso sí, a partir de hoy caras compungidas y mucho "a esto no hay derecho".
Como bien dice Jose Domínguez, muy propio del Celtiberia Show de Carandell.
Un abrazo.