Naturalmente. Al final todo cuadra.

Silvio Berlusconi ha dicho que a Europa "le sería útil un presidente prestigioso como Aznar". No ha dicho Berlusconi en qué consiste el prestigio de Aznar ni en qué puede ser útil para Europa.  Presuponemos en qué puede ser útil para él.

Dada la trayectoria de estos señores, la cosa es para ponerse a temblar.

Afortunadamente, tanto en Europa en general como en España en particular conocemos a estos especímenes.

El prestigio de Aznar se basa en dos puntos fundamentales: su absoluta incapacidad intelectual y su desorbitada prepotencia, fruto de una total ausencia de vergüenza.

Su más que evidente complejo de inferioridad al compararse con su antecesor, el presidente González, podía haberle llevado a recuperar su respetable profesión de inspector de hacienda, y olvidarnos de él para siempre, que es lo que en su día pidió.

Pero su desvergüenza, alimentada por su mala educación (ejemplarizada al poner los pies encima de la mesa del emperador, aquel deficiente al que se le dio el poder de llevarnos a la ruina) le catapultaron al olimpo de los mediocres encumbrados: tan facilmente manipulables.

¿Qué más quiere Berlusconi, que no es precisamente un mediocre, sino sólo un sinvergüenza?

Sí. Berlusconi quiere un presidente de la Unión que sea amiguete, compadre, fumarse un purito con él, tomarse unas copitas, poner los pies encima de alguna mesa y sentar en sus rodillas alguna joven eurodiputada con carrera de económicas; un presidente políglota que homologue las leyes que su presidencia corrupta necesita para extender su impunidad al territorio europeo; un presidente tan inculto como engreído, tan prepotente como miserable, tan vacuo como imbécil.

Berlusconi ha visto en él, en Aznar, su base para hacer de Europa su propio paraíso.

Berlusconi, acosado por la podredumbre de sus propias miserias impresentables, propone a Aznar y a Blair. Bonita carta de presentación para Aznar.

Y, por cierto, ¿alguien se acuerda de Blair? ¿No le dieron un cargo internacional relacionado, tal vez, con Oriente Medio? ¿Se sabe algo de él? ¿Dónde está, el otro miserable de las Azores?

Berlusconi habla de Blair y de Aznar.

¿Dónde ha quedado tanta desvergüenza impune?

Desencatados por la crisis o por la falta de liderazgo europeo, o por una verdadera concepción de lo que es Europa, muchos ciudadanos de la Unión -olvidadizos, como la buena gente- no irán a votar el día 7 de junio. Su desencanto, su frustración, su abstención, es el alimento de Berlusconi y sus secuaces.

Yo sí pienso votar.
Hasta ahí podríamos llegar, a que esta gentuza se ampare en la apatía o en la desinformación para dar vía libre a sus tropelías.

Votaré. Claro que votaré.