Se ha repetido estos días hasta la saciedad, en todas las tertulias, en todos los foros de opinión, siempre con los mismos ejemplos, porque no hay otros:
España es un país en el que a una joven de 16 años se le prohíbe consumir bebidas alcohólicas en lugares públicos, comprar tabaco, conducir un coche o votar en unas elecciones y, si comete un delito, se la juzga como la niña que es. Sin embargo, puede comprar en una farmacia la píldora del día después sin receta o incluso abortar sin conocimiento de sus padres. Es decir, se la trata como la mujer que -todavía- no es.
Y estoy de acuerdo con esa reflexión. Es la España paradójica.
Pero este tipo de polémicas lo único que hacen es sacar a la luz la tremenda hipocresía de este país.
Escucho a sesudos tertulianos decir que están en contra porque a ellos, como padres, les gustaría que sus hijas les informaran, les consultaran, les pidieran consejo acerca de tan difícil situación. Creen tener derecho a ello.
Y yo, atónito, me pregunto si esos señores tan amantes y protectores de sus hijos se han preguntado a su vez por qué su hija preferiría ir sola a una farmacia, o acompañada por una amiga, antes que decirle a él lo que piensa hacer. Esos padres tan simples como inocentes que dicen sin rubor soy el mejor amigo de mi hijo, o mi hija no tiene secretos para mí (cambien los géneros haciendo todas las combinaciones posibles), pretenden que un tercero prohíba que su hija tome decisiones porque es menor de edad.
En este país, siempre la responsabilidad es de otro, y la culpa también.
A esos padres que hoy están tan indignados como aterrorizados, ni siquiera se les pasa por la imaginación preguntarse por qué mi hija no me lo diría.
A lo mejor resulta que no somos tan amiguetes de nuestros hijos. A lo mejor lo que ocurre es que nuestros hijos tienen secretos que nunca jamás nos contarán, como los tuvimos nosotros con nuestros padres. ¿Es que, a nuestra edad, todavía no nos hemos caído del guindo?
Ay, esos padres, que se pasan la noche del viernes y del sábado sin dormir porque la niña o el niño no llega hasta el amanecer, y cuando lo hace olemos su aliento a alcohol y a tabaco desde la otra habitación, y cuando mañana dice que no quiere comer porque está cansado, lo justificamos diciendo aquello de si no disfruta ahora cuándo va a hacerlo. Y es verdad.
Pues esos padres tan comprensivos, tan eternamente jóvenes y marchosos, que saludan a los amigos de sus hijas como coleguillas del insti, ahora están acojonados porque ¿y si mi niña aborta sin yo saberlo? Y, como buenos españoles, prefieren echarle la culpa al gobierno en lugar de preguntarse por qué mi hija follaba sin condón y, sobre todo, por qué no me dijo que estaba preñada.
Esos padres tan dialogantes con sus hijos han olvidado que el diálogo tiene dos protagonistas, y que no es lo mismo hablar con los hijos que hablar a los hijos. Aunque muchos no hacen ni eso.
A lo mejor lo de Educación para la Ciudadanía no era un dislate.

15 may 2009 | 11:48 PM
Tienes toda la razon, claro que es mas facil hechar la culpa a la sociedad, al instituto, en vez de hacer un examen de conciencia y pensar donde estabamos nosotr@s cuando nuestros hij@s necsitaban de nuestro consejo y no como amig@s, mi hija una vez le hizo un comentario a una amiga que me quedo grabada, su amiga le decia que pareciamos amigas, y ella le contesto pues vaya gracia ademas de no tener padre (me separe del padre de mi hija cuando ella tenia 3 años) ahora tambien me dejas huerfana de madre, y esa frase me quedo muy grabada, creo que los padres tenemos la obligacion de educar e intentar dar los suficientes conocimientos para que sepan defenderse en la vida, pero amigos considero que no es factible, buena relacion, complicidad pero cada uno en el lugar que nos corresponde Besos