En campaña electoral, Rajoy olvida las medias tintas y parece querer afianzar el voto ultraderechista, ultracatólico, ultraconservador, neoliberal, neocon, teocon... (votos que ya tiene asegurados), y desprenderse del voto moderado, de eso que ellos llaman centro o incluso del centro-izquierda desencantado.

En realidad, la derecha española, tan bien representada por el PP de don Mariano, repudia al centro, lo aborrece, y sólo quiere de él sus votos ocasionales, de usar y tirar.

La nueva ley del aborto está dando motivos para el debate visceral.

Zapatero (que nunca se definió de centro) dijo hace unos días que permitir a las jóvenes de 16 y 17 años abortar sin el consentimiento de los padres se hace para evitar que éstos ejerzan "una interferencia determinante".

Como es habitual en él, Rajoy no tardó en responderle sin meditar demasiado la respuesta, por lo que se intuye, calificando la afirmación del presidente como "una falta de respeto" a los propios padres y a las niñas que, si han de decidir si abortan o no, "ante todo necesitan cariño, afecto y apoyo".

Rajoy, naturalmente, no se pregunta por qué esas niñas tan necesitadas de cariño, afecto y apoyo no se dirigen a sus padres y se sinceran con ellos, sino que prefieren asumir el terrible trance solas o con otras compañías.

Responder a esa pregunta (por qué a mis padres no) pondría en duda toda la teoría melíflua que él y su partido tienen de la familia.

Rajoy no sabe que muchas familias no son modélicas, que el diálogo en muchas familias brilla por su ausencia, que la relación paterno-filial en muchas familias es prácticamente nula, que los padres de muchas familias de las que a ellos se les llena la boca en su defensa, se han convertido en meros dispensadores de alojamiento y comida, y que en muchos casos actúan como cajeros automáticos, que muchos jóvenes ven a la familia como un incordio al que soportan porque la necesitan económicamente.

No ver que eso existe en muchas familias es engañarse.

Si la niña aborta y el padre no se entera es porque el padre ya no se enteraba de nada desde hacía mucho tiempo. No le echen la culpa a Bibiana Aído.

Se me dirá, y con razón, que esto que señalo no sucede en la mayoría de las familias. Naturalmente. ¿Alguien lo ha puesto en duda?

Sí: don Mariano Rajoy, el Partido Popular y cuantos defienden sus argumentos lo han puesto en duda. Y sus argumentos transmiten un doble mensaje.

Primero: Da la sensación de que a partir de ahora todas las niñas de 16 años se van a poner a follar a mansalva porque podrán comprar cada mañana la píldora poscoital. O a abortar como posesas, todos los días abortando.

Segundo: Parece que don Mariano cree que la nueva ley prohíbe a las muchachas de 16 años hablar con sus padres, pedirles consejo, reclamarles cariño, afecto y apoyo. Y a los padres, dárselo.

Este mensaje que transmite Rajoy es doble. Y doblemente embustero. Rajoy es, determinantemente, una interferencia para el progreso de este país.