Independientemente del resultado que obtengan en las elecciones de mañana, lo que está muy claro es el nerviosismo del Partido Popular, que obliga a su líder a decir tonterías más salidas de todo que de costumbre. Y mira que nos tiene acostumbrados.

Desde el principal partido de la oposición se nos viene machacando desde hace años con el concepto de familia, y el derecho ineludible de éstas a educar a sus hijos en sus valores.

Yo hasta ahora había pensado que ese sus se refería a los valores de la familia del niño, no a los valores del PP.

Pero claro, cuando Mariano Rajoy arremete de manera tan violenta contra una familia que ha decidido celebrar a su manera el nacimiento de su hijo -ceremonia que los medios informativos, para resumir, han llamado bautizo civil-, descubro que lo que realmente molesta, incomoda y saca de sus casillas a esta gente es que haya ciudadanos que, libremente, deciden hacer lo que creen conveniente sin atenerse a los convencionalismos tradicionales. Es decir, Rajoy pretende decirnos cómo se debe celebrar el nacimiento de un hijo. Y lo tiene que decidir él, no la familia.

Esto me parece más lógico, porque aquello de dejar toda la educación de los hijos en manos de los padres, así porque sí, me escamaba un poco, ya que es evidente que son muchos los padres que no están preparados para educar a sus hijos. Hemos oído en esta campaña a don Mariano decir aquella majadería de "quién va a querer más a una hija que sus propios padres" sin preguntarse siquiera por qué, si es tanto el amor, esa hija no se atreve a decirles que se ha quedado embarazada y que quiere abortar.

Pero, miren por donde, el último día de la campaña he visto la luz. Los del PP no es que quieran lo mejor para España, es que quieren también lo mejor para mí como individuo. Y por eso me van a decir cómo debo celebrar el nacimiento de mi hijo, cómo tengo que educarlo, cómo tendré que casarlo, cómo tendrá -mi hijo- que dejarme morir entre alaridos de dolor, porque todo eso son valores. Lo recalcó en la tele Mayor Oreja con el escaso entusiasmo que le caracteriza: España tiene que volver a sus valores.

Sus valores, los del PP.


Obsérvese que en ningún momento nos hemos mofado de otro tipo de ceremonias relacionadas con los niños, y eso que a algunos nos parece ridículo que en mayo se vista a las niñas de ocho años de novias y a los niños de almirantes de la armada.