Para nuestros lenguaraces políticos, la jornada de reflexión debería ser el día siguiente a las elecciones. Reflexionar y callar, para hablar cuando ya se haya reflexionado lo suficiente.

La victoria del Partido Popular en las elecciones europeas ha sido muy clara porque los números cantan: 6.615.015 votos, es decir, el 42,23% de los votantes.

Pero este resultado -esperado por otra parte- tampoco es para echar cohetes. Son, con lo que está cayendo, sólo 221.823 votos más que en el año 2004, y un 1,23% menos de votantes que entonces.

El PSOE ha perdido algo más de 700.000 votos. Nada menos que casi un 5%.

Si en el PP piensan que esto, cinco años después, con el desgaste evidente de Zapatero y con la crisis galopante que nos golpea, es un gran éxito allá ellos con sus análisis. Todo el mundo tiene derecho a engañarse. Está bien que celebren su victoria, que descorchen botellas de champán francés y que pidan cuestiones de confianza, ya que no se atreven a presentar mociones de censura. Está bien que se den palmaditas en su propia espalda.

Dejémoslo ahí porque lo del PSOE también es para darles de comer aparte, y yo no soy nada equidistante en estos temas.

La sensación de alivio que transmitieron anoche, esa especie de dulce derrota -¿haciéndonos creer tal vez que la victoria del PP era amarga?- me resulta muy preocupante, porque indica que esperaban unos resultados mucho peores.

Me gustaría saber si en algún momento han pensado en el porqué de esa posible debacle. Quiero decir si han hecho un minuto de autocrítica. Me temo que no. Como buenos españoles que son, echarán balones fuera, culparán a la crisis internacional, al neocapitalismo, a la herencia de Bush...

Pajín se presentó a las diez en punto de la noche ante los micrófonos:

Estas han sido las primeras elecciones que se han celebrado en el contexto de la crisis económica que sufrimos desde hace aproximadamente un año. Evidentemente, esta situación de crisis ha sido un tema clave de la campaña electoral y un factor relevante en el comportamiento de los ciudadanos de todos los países europeos.

A nuestro juicio, el hecho de que prácticamente todos los gobiernos hayan retrocedido en las elecciones de hoy está precisamente relacionado con este hecho.

Es decir, para la Secretaria de Organización del PSOE la culpa del descenso de su partido se debe a la crisis económica, no a la percepción que los ciudadanos tienen sobre la gestión del gobierno frente a esa crisis.

Me preocupa no poder imaginarme a los responsables del PSOE preguntándose dónde están esos 700.000 votos. Pensando que la crisis es una tormenta de verano que ya escampará, sin atender a que son muchos los ciudadanos que creen que el gobierno no abre paraguas. Me desazona imaginármelos reunidos sesudamente creyendo eso que ha dicho hoy mismo Pajín: el líder del PP, Mariano Rajoy "ha tenido que recurrir a que se baje 30 puntos la participación para aumentar un punto en cinco años", lo que, en su opinión, es "un dato objetivo a analizar". ¿Insinúa Pajín que la abstención, de no haberse producido, les habría dado a ellos la victoria, sin preguntarse por qué se han abstenido?

No deberían analizar el magro éxito de su contrincante, sino el propio fracaso. Encerrados en algún despacho de Ferraz, sin micrófonos, sin cámaras, sin demagógicas bobadas. Atreviéndose alguien a decirle a Pajín que se calle un ratito.

Pero si prefieren darse palmaditas en su propia espalda, también ellos están en su derecho.