En España nos hemos acostumbrado, desde hace muchos años, a justificar lo injustificable dándole la vuelta a cualquier argumento cuantas veces haga falta. De esta manera ya no sabemos si nuestros políticos van o vienen, suben o bajan, mienten o...

Para justificar la desleal actitud del PP el pasado jueves (desleal no hacia el gobierno, sino hacia España), votando NO a lo que en Alemania, Italia o Francia diría , el empalagoso vicesecretario de Comunicación del Partido Popular, Esteban González Pons, se pone demagogo y dice esta tontería: prefiero mirar a un jubilado a los ojos y decirle: 'Yo no me abstuve a la congelación de tu pensión'. Nauseabundo populismo.

Los tertulianos afines al partido de Rajoy nos recuerdan que la obligación del gobierno es gobernar y la de la oposición ejercer esa oposición.

La primera parte la sabemos. No puede ser de otra manera. El gobierno tiene la obligación y la responsabilidad de gobernar. Por eso no ha sido posible ningún pacto, porque el PP entiende el consenso como la aceptación de todas sus condiciones.

Los socialistas ganaron unas elecciones para llevar a la práctica sus propuestas y en caso de traicionarlas deberán ser los electores, especialmente sus votantes, y no los demás partidos, quienes se lo demanden.

Pero ese aserto de que la labor de la oposición es oponerse (¡¿a todo?!) no está tan clara. Rajoy se opone radicalmente a lo que el gobierno hace, aunque haga lo que llevaba pidiéndole meses que hiciera.

Zapatero no puede ni debe ganar las próximas elecciones. En realidad no debería siquiera presentarse. La más que evidente desastrosa gestión de la crisis, tanto en el fondo como en las formas, ha dinamitado la credibilidad que todavía podía tener entre sus votantes y sólo los militantes socialistas, hoy por hoy, estarían dispuestos a renovarle la confianza.

 La victoria del PP está garantizada -incluso con Rajoy al frente y a pesar de Gürtel-. Por eso produce tanta desazón comprobar la inmensa avaricia política que antepone los intereses partidistas (y particulares) a los de la patria, traicionando no sólo a ésta, sino también a Europa.

Seguimos sin saber qué hará Rajoy cuando ocupe su ansiado despacho de La Moncloa. Por ahora nos ha dicho que hay que recortar gastos electorales (y pide elecciones anticipadas) y eliminar tanto mitin que no vale para nada. Y lo dice sin inmutarse durante un mitin multitudinario con cientos de autocares fletados por el partido.

¿Incoherencia o desvergüenza?