Hace unos días, cuando se dio a conocer la visita que el ministro de Asuntos Exteriores iba a realizar a Cuba, los medios de la derecha española y el principal partido de la oposición hicieron, como de costumbre, escarnio de Moratinos porque al parecer éste no iba a ser recibido por Raúl Castro ni iba a visitar a Fariñas. ¿A qué va a Cuba, se preguntaban tan histéricos como burlones?

El resultado de la visita lo conocimos ayer: El anuncio de la liberación de los 52 presos políticos, cinco de los cuales serán excarcelados en las próximas horas y podrían viajar a España. En las negociaciones hay que valorar también el esfuerzo de la iglesia católica de Cuba.

Fariñas, periodista independiente y psicólogo de 48 años, que abandonó el jueves la huelga de hambre y sed que mantenía hace más de cuatro meses, dijo ser "el primer sorprendido" por el cambio de actitud del Gobierno de Raúl Castro y afirmó que ha tomado la decisión de suspender su huelga de hambre para "desatarle las manos a quienes están negociando" con las autoridades cubanas, entre ellos la Iglesia Católica cubana y el Gobierno de España.

Es cierto que según cifras de la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, en la isla permanecen encarcelados un total de 167 prisioneros políticos. Gracias a la mediación de la Iglesia Católica cubana, el Gobierno de Castro anunció la puesta en libertad de 52 presos, cinco de los cuales viajarán a España en los próximos días junto a sus familias.

A lo largo de nuestra existencia, todos nos hemos visto obligados a afrontar determinados asuntos con absoluto sigilo o cautela. Tanto más en las relaciones internacionales, sobre todo cuando está en juego la libertad y la vida de las personas. La diplomacia debe ser silenciosa, no buscar gestos ni fotos, sino resultados. Las fotos llegarán después.