Iglesia, política y delincuencia.
el 1 oct - sin comentarios
A raíz de la convocatoria de huelga para el pasado 29-S se escuchó en las cercanías de la Jerarquía Eclesiástica española que ya iba siendo hora de que la Iglesia se metiera en política puesto que los políticos se metían en la Iglesia. ¿Qué es, desfachatez?
No hace falta que nos remontemos a la Edad Media. En esta misma legislatura, con la excusa de la ética y de la moral (cristianas), no han hecho otra cosa que intentar torpedear leyes civiles (laicas). Pero es que hasta hace treinta años había obispos en las cortes franquistas. Incluso era el propio Franco quien nombraba a los obispos, un privilegio al que no renunció pese a las requisitorias papales (lo hizo su sucesor, el Rey, el 16 de julio de 1976).
Es más. Fíjense si la Iglesia está metida en política que los representantes de la Conferencia Episcopal Española padecen del mismo vicio que la mayoría de los políticos españoles: la incontinencia verbal.
El secretario general de la Conferencia Episcopal Española, Martínez Camino, calificó ayer de "intolerable" el caso de un sacerdote detenido en Valencia acusado de haber abusado sexualmente de dos menores de 13 y 14 años. Pero acto seguido añadió:
"Es comprensible que ocurra alguna vez, porque todos somos pecadores y débiles".
Yo reconozco que soy un gran pecador, y también que soy más débil con unos pecados que con otros, pero habría que recordarle al señor Martínez Camino que el abuso sexual a menores es un delito (si es pecado o no, no soy yo quién para decidirlo). Incluso es delito si la víctima es adulta. Y no creo que todos seamos delincuentes ni que esos actos sean comprensibles.
Yo no soy un delincuente y, desde luego, lo que es intolerable es que un altísimo representante de la Iglesia española se manifieste en esos términos que me parecen -por decirlo de una manera que no sume otro pecado más en mi contra- excesivamente ambiguos y, por tanto, cómplices.
Ya sé que la inmensa mayoría de los curas no son pederastas. Pero tal vez sus jerarcas deberían preguntarse por qué hay mayor porcentaje de este tipo de delincuencia en su gremio que en el de los taxistas, o los bomberos, o los ingenieros agrónomos, o... los políticos.




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