Me alegro de que se hayan cargado a Bin Laden. Sin embargo, no me alegro de alegrarme.

No tengo ningún interés en comentar lo ocurrido. Se han escrito tantas líneas (y las que se escribirán), que me siento incapaz de aportar absolutamente nada nuevo. Mucho menos nada nuevo interesante.

Pero algunas cosas me llaman la atención respecto a lo que otros, opinadores a sueldo, sí han dicho.

Ahora son muchos los que felicitan a los responsables por haber sido tan expeditivos y no haberse andado con miramientos de progres mojigatos. Incluso he leído a alguno reconocer que no le habría importado ser él mismo quien descerrajara el tiro que acabó con la vida del monstruo, liberando a la gente de bien de tan terrible amenaza. Estoy hablando de periodistas de reconocido prestigio que tienen columnas fijas en medios de difusión nacional.

Pero, sin lamentar en absoluto la muerte de Bin Laden, recuerdo la que montaron esos mismos opinadores no hace tanto cuando el expresidente Felipe González desveló que pudo ordenar volar la cúpula de ETA pero no lo hizo, y que todavía dudaba si su actuación fue la correcta.

A Felipe González le llamaron de todo, a pesar de que estaba hablando de cosas que no sucedieron.

Sí, sí, los mismos que ahora aseguran que no les habría importado ser los autores del disparo que, entrando por el ojo, descerebró a Bin Laden.