Si alguna vez me encontrara teniendo algún punto de coincidencia con un depravado fanático, yo me preocuparía por mí mismo y me vería obligado a replantearme muchas cosas, tal vez incluso mi visión de todo cuanto me rodea.

93 víctimas -la mayoría adolescentes abatidos en un campamento juvenil en la isla de Utoya- han dejado aturdido y aterrorizado a un pacífico y rico país de 4,8 millones de habitantes (menos que la Comunidad Valenciana, por ejemplo) que, en las elecciones generales de 2009 dio a la formación de la extrema derecha Partido del Progreso casi el 23% de los votos.

No cabe la menor duda de que Anders Behring Breivik, el autor de la masacre -una bestia enferma de odio-, es un depravado fanático... el último que, por ahora, hemos conocido. Sus acciones, según él, fueron atroces pero necesarias.

Se han conocido algunas cosas que ha dejado escritas y que atañen a nuestro país:

"El primer ministro socialista, José Luis Rodríguez Zapatero, llegó al poder por los atentados yihadistas de Madrid de marzo de 2004, el mayor ataque de la historia moderna de España en tiempo de paz", escribe Breivik. "Desde entonces, ha estado entregando cada día el país a los musulmanes y a la inmigración masiva".

"Nombró [Zapatero] a una mujer embarazada como ministra de Defensa en abril de 2008, lo que supone una burla a sus fuerzas armadas y una señal para todo el mundo de que su país no tiene intenciones de defenderse".

¿No les suena esto de haberlo leído o escuchado en algunos medios de comunicación españoles? ¿Quién alimenta a la bestia?