No cabe duda de que estamos viviendo el paso de una era a otra, como en su día lo fue la ilustración o el proceso de industrialización.
Pero mientras los avances tecnológicos nos van dejando con la boca abierta casi a diario, constituyendo una auténtica revolución en las economías de las naciones y en las costumbres de los ciudadanos, nuestro esclarecido líder de la oposición se dedica en los mítines electorales a hablar de tomates, pimientos, pepinos y cebollas, y sus incondicionales jalean cada hortaliza mencionada por este señor que quiere ser presidente, y se burlan de quien propone que España siga progresando y se coloque definitivamente al lado de las potencias que conducen al mundo hacia el futuro.
Rajoy concluye su listado de lustrosos productos de la huerta con un "eso es desarrollo sostenible". Para Rajoy el futuro se sostiene en el gazpacho.
Rajoy y los suyos no es que sean conservadores -qué más quisieran ellos mismos-, es que son, sencillamente, retrógrados.
Quieren anclarnos en el siglo pasado, por eso todavía reclaman trasvases de aguas, para que se siga dependiendo de la agricultura, importándoles un bledo que ésta ya nunca pueda ser competitiva, que los tomates del Magreb siempre saldrán más baratos y que el consumidor no tiene sentimientos patrios cuando de su bolsillo se trata.
Una España, en definitiva, de espaldas al futuro.
¿Estoy diciendo que hay que abandonar a su suerte a nuestros agricultores? Ni muchísimo menos. Más bien al contrario: dejar las cosas como están en este momento, o retomar medidas trasnochadas, inviables e insostenibles es condenarlos a la ruina más o menos inmediata.
Estoy diciendo que España tiene que invertir en investigación, desarrollo, tecnología e innovación también para que nuestra agricultura sea más competitiva.
Y, si de paso los tomates recuperaran el sabor a tomate, entonces nos saldrían unos gazpachos que para sí los quisiera Rajoy.
¿En unos cuarteles? ¿En cuántos cuarteles? Y los niños de primaria: ¿Cómo lo permitió la ministra? ¿Pasó lista a la entrada y a la salida de los pequeños escolares para cerciorarse de que ninguno se había quedado escondido bajo la litera de algún barracón? ¿Les limpió la ministra los mocos a los niños que salían de un lugar infectado de peligrosos virus?
¿Se imaginan lo que habría vociferado Rajoy si la ministra, en lugar de realizar una -obligada- visita al Gómez Ulla, hubiera continuado de ruta en la campaña electoral?
Zapatero (que nunca se definió de centro) dijo hace unos días que permitir a las jóvenes de 16 y 17 años abortar sin el consentimiento de los padres se hace para evitar que éstos ejerzan "una interferencia determinante".
No ver que eso existe en muchas familias es engañarse.
Escucho a sesudos tertulianos decir que están en contra porque a ellos, como padres, les gustaría que sus hijas les informaran, les consultaran, les pidieran consejo acerca de tan difícil situación. Creen tener derecho a ello.
Es paradójico que se participe en una competición que tus seguidores repudian o desprecian, sorprende el interés con que ambas aficiones animaban desde días o semanas antes, y da vergüenza comprobar la hipocresía de tantísima gente que quiere ganar un trofeo que parece odiar.
Pongamos Aragón como ejemplo, una comunidad que ha sido pionera en el uso de los tablet pc en Educación Primaria. Ya en 2003 el Departamento de Educación del Gobierno de Aragón y la empresa Microsoft pusieron en marcha en el aula de 4º de Primaria de Ariño (un pequeño pueblo de la provincia de Teruel) el proyecto "el pupitre digital". Cada una de las chicas y chicos de la clase dispone de un tablet PC con conexión a Internet por medio de una red inalámbrica dentro de la red local del Centro
Naturalmente. Al final todo cuadra.
¿Qué más quiere Berlusconi, que no es precisamente un mediocre, sino sólo un sinvergüenza?
Desencatados por la crisis o por la falta de liderazgo europeo, o por una verdadera concepción de lo que es Europa, muchos ciudadanos de la Unión -olvidadizos, como la buena gente- no irán a votar el día 7 de junio. Su desencanto, su frustración, su abstención, es el alimento de Berlusconi y sus secuaces.